Desde los sarmientos al orujo de uva, los residuos de la viticultura y de la vinificación se transforman en energía, en cuero vegetal o en soluciones de protección natural. Esta dinámica de economía circular permite reducir la huella de carbono del sector al mismo tiempo que suministra materias primas vegetales a otros ámbitos industriales.
Sumario
- Un giro normativo
- En auxilio del suelo
- La alquimia de la madera y el biocontrol
- Del orujo al material de excepción
- La vid, en el centro del relato
Un giro normativo
Durante mucho tiempo, los residuos vitícolas (sarmientos, orujos, lías) fueron considerados difíciles de eliminar. Hoy, los coproductos vitivinícolas se han convertido en una biomasa estratégica cuya valorización se analiza ahora desde todos los ángulos: ambiental, agronómico y económico. Desde una circular de 2011 que regula la quema al aire libre de los residuos vegetales, los viticultores están incentivados a buscar alternativas sostenibles. El decreto de 2014 aceleró después el proceso al flexibilizar la obligación de entrega exclusiva de orujos y lías a las destilerías, abriendo el camino al compostaje, la metanización o el retorno al suelo.
Para explotar este potencial era imprescindible localizarlo. “Un proyecto nacional coordinado por el Instituto Francés de la Vid y el Vino permitió, desde 2016, cartografiar los recursos y las unidades de valorización de cuatro grandes cuencas vitícolas”, recuerda Émilie Adoir, responsable de evaluación ambiental en el IFV. El trabajo, iniciado en Burdeos-Aquitania, Borgoña–Beaujolais–Saboya–Jura, Charente-Cognac y Champaña, se amplió posteriormente al Suroeste, Languedoc-Rosellón y el Valle del Loira, y hoy en día abre nuevas perspectivas.
En auxilio del suelo
Una primera vía de valorización conduce directamente al núcleo de los suelos vitícolas. El IFV estudia los biocarbones – un carbón vegetal obtenido por pirólisis de orujos destilados, reconocidos por su capacidad para mejorar la retención de agua y la funcionalidad del suelo. Este enfoque será objeto de un programa experimental entre 2026 y 2029, financiado por el Plan Nacional contra el Decaimiento del Viñedo. “La lógica consiste en devolver a la tierra lo que nos proporciona, a partir de recursos locales y prácticamente gratuitos”, subraya Émilie Adoir, quien menciona igualmente el compost de orujos o de sarmientos como alternativas naturales a los fertilizantes de síntesis.
En esa misma línea de economía circular, el proyecto multipartito Valoceps, lanzado el pasado mes de marzo en el Valle del Loira, se centra en la valorización de las cepas arrancadas. De aquí a 2028, el objetivo es estructurar su recogida – potencial estimado en 9.700 toneladas de materia seca anuales en la cuenca del Loira – para destinarlas a usos como la producción de energía por pirogasificación o la extracción de polifenoles destinados a aplicaciones cosméticas y farmacológicas.
La alquimia de la madera y el biocontrol
En Meursault, la empresa Vitis Valorem ha convertido la valorización de los sarmientos en el eje central de su actividad. Para evitar el desperdicio – frecuentemente mediante quema – de cerca de “dos toneladas de materia seca por hectárea” generadas anualmente en el viñedo francés, la compañía desarrolla Sarmine®, una harina micronizada de sarmientos capaz de sustituir ciertos componentes plásticos o compuestos técnicos.
Además de reincorporarse al viñedo en forma de postes de emparrado o tutores biodegradables, este material encuentra aplicaciones industriales en sectores como la automoción, la construcción o el embalaje. Esta dinámica de I+D se extiende también a la protección fitosanitaria con Antoférine, un fungicida de biocontrol desarrollado en colaboración entre Antofénol y Gowan. Basado en un proceso innovador de ecoextracción, Antoférine permite aislar las moléculas naturales de defensa presentes en los sarmientos de vid, contribuyendo a reducir el recurso a insumos de síntesis en la lucha contra el mildiu.
Del orujo al material de excepción
La economía circular se extiende también al sector del lujo. Nisiar, un material patentado desarrollado a partir de orujo destilado nace de la visión de la start‑up Mondin, cofundada cerca de Bayona por Rodolphe Mondin y Julien Houssiaux. “En Francia, donde en determinadas añadas se generan más de 850.000 toneladas de orujo de uva, la viticultura ya dispone de infraestructuras consolidadas de valorización. A diferencia de otros biomateriales emergentes, no ha sido necesario crear una cadena de valor desde cero”, explica Rodolphe Mondin.
El proceso se basa en una doble etapa de valorización: “las destilerías extraen el alcohol y otros compuestos, y nosotros recuperamos el residuo restante, al que aplicamos tratamientos naturales antes de reducirlo a polvo”. Combinado posteriormente con un biopolímero, el orujo se transforma en un material monocapa compuesto en un 73% por materias vegetales, sin refuerzos textiles ni pigmentos sintéticos.
A diferencia de otras soluciones basadas en fibras de cactus o piña, más próximas a los cueros vegetales clásicos, Nisiar reivindica propiedades mecánicas comparables a las del cuero animal: flexibilidad, termoformabilidad, hidrofobicidad y resistencia a la abrasión. En la actualidad, sus principales aplicaciones se concentran en la pequeña marroquinería, los envases de lujo y la relojería.
La vid, en el centro del relato
Para Rodolphe Mondin, el desafío no es únicamente técnico o industrial, sino también narrativo. “En algunos proyectos garantizamos la trazabilidad del orujo hasta la bodega de origen, lo que permite al viticultor comunicar de forma tangible sobre la valorización de sus residuos”. Cada variedad encarna así la identidad de su terruño. “Los tonos varían ligeramente según las variedades y el propio proceso de fabricación genera un aroma natural que actúa como una firma sensorial distintiva”.
En el caso de grandes bodegas, el reto puede consistir en reutilizar su propio orujo para diseñar estuches o accesorios, dando lugar a circuitos locales de ecodiseño estrechamente vinculados a la identidad de la marca. A largo plazo, la ambición de Rodolphe Mondin va aún más lejos: “concebir un material íntegramente procedente de los subproductos de la vid” capaz de cerrar completamente el ciclo de valorización.
Entre la alta tecnología y el regreso a los orígenes, la viticultura francesa y sus aliados muestran que el porvenir del sector se construye también a partir de la transformación de los residuos en oportunidades.
Florence Jaroniak – © Nisiar/Mondin
Más información:
https://www.vignevin.com/environnement/valorisation-des-biodechets/https://techniloire.com/actualite/lancement-du-projet-valocepsom/actualite/lancement-du-projet-valoceps
