El oro amarillo sale de su barrica

La “Percée du Vin Jaune*” regresa con fuerza a Lons-le-Saunier los días 31 de enero y 1 de febrero de 2026 tras una pausa oportuna. La región francesa del Jura se dispone a revelar su tesoro más preciado, entre fervor popular y una profesionalización creciente, confirmando así el prestigio internacional de su viñedo.

* La “Percée du Vin Jaune” hace referencia a la apertura de una barrica de vino amarillo o “vin jaune”, antes de consumirse y comercializarse.

Contenido:

  • Un evento renovado
  • La paciencia elevada a arte
  • El tiempo en acción
  • Una añada con carácter
  • Un archipiélago de sabores

Un evento renovado

Aunque es el viñedo más pequeño de Francia por superficie, el Jura no deja de provocar pasión en la escena enológica gala. Tras cifras récord de asistencia —hasta 60.000 visitantes en 2016— “la Percée du Vin Jaune” hizo una pausa en 2025 para reinventarse. Durante años sostenida por apasionados voluntarios, la asociación organizadora cuenta ahora con una responsable de eventos encargada de coordinar sus 28 comisiones de trabajo. Un refuerzo que permite a los viticultores centrarse en su oficio y a Victor Feuvrier asumir con serenidad el papel de embajador 2026.

“Suceder a personas como Pierre Rolet o Georges Vandelle es un inmenso orgullo y una experiencia tan enriquecedora como inesperada”, confiesa. Viticultor, vicepresidente del Caveau des Byards en Le Vernois y comerciante, ve en el evento mucho más que la presentación de una nueva añada: “el público busca un todo: un vino, una fiesta, una historia, un territorio”. Multiplicando las animaciones y cambiando regularmente de localidad, “la Percée se ha abierto a un público más amplio, más joven”, contando en cada edición la historia de un nuevo pueblo y terruño, con una ambición intacta: “dar ganas de volver”.

La paciencia elevada a arte

En el corazón de esta celebración: “el vino de los reyes y rey de los vinos”. Procedente exclusivamente de la variedad Savagnin, representa una parte ínfima de la producción del Jura, pero brilla como un lingote en el fondo de la copa. Cuatro denominaciones del Jura están autorizadas a producirlo: Château-Chalon, Arbois, Côtes-du-Jura y L’Étoile. Su origen oscila entre dos relatos: el de un viticultor distraído que descubre, años después, el contenido metamorfoseado de una barrica olvidada; o el de las abadesas de Château-Chalon que habrían ideado la crianza bajo velo. Una cosa es segura: el “vin jaune” (vino amarillo) es una escuela de paciencia.

El tiempo en acción

El vino blanco vinificado de manera tradicional se coloca en barricas de madera durante al menos seis años y tres meses. El viticultor no practica el ouillage: nunca añade vino para compensar la evaporación natural. Entonces se forma un velo de levaduras en la superficie. Esta barrera biológica protege el vino de la oxidación y le aporta aromas complejos, especialmente de nuez y almendra tostada”, explica Victor Feuvrier. Al término de este maratón temporal, la “parte de los ángeles” ha cobrado su tributo: de un litro inicial, solo quedan 62 cl, volumen exacto del “clavelin”, la única botella autorizada para este vino excepcional. Este proceso explica el valor de un vino de alta gama, que suele comercializarse entre 35 y 40 euros la botella. De ahí la importancia de la pedagogía: “los visitantes han oído hablar de él, pero no siempre conocen su método de elaboración. Luego, les gusta… o no. Nos toca explicarles que se trata de un vino particular, que no se aprecia necesariamente a la primera. Hay que tomarse el tiempo para descubrirlo y acompañarlo bien”.

Una añada con carácter

Esta 27ª edición marcará la “mise en perce”, es decir, la apertura de una barrica de 228 litros, de la añada 2019. Un año difícil, entre heladas primaverales y un verano complicado, que dio poco volumen, pero uvas de calidad. Victor Feuvrier se alegra: “hoy obtenemos vinos amarillos muy equilibrados, con una bella persistencia y una complejidad notable en la degustación”. Las festividades en Lons-le-Saunier prometen estar a la altura. En la tradicional subasta, una botella de 1895 recordará la capacidad del “vin jaune” para atravesar los siglos sin perder frescura. El evento, por su parte, se abre a la modernidad: una aplicación móvil facilitará la navegación entre las 47 bodegas abiertas al público, mientras que las “battles” (duelos) culinarias realzarán los maridajes. A este respecto, el embajador recuerda que la combinación con una tabla de quesos regionales o un ave de Bresse con morillas sigue siendo indiscutible, pero el “vin jaune” también sabe sorprender: “Algunos platos exóticos funcionan muy bien, especialmente la gastronomía especiada a base de curry”.

Un archipiélago de sabores

Si el “vin jaune” es el faro que guía a los aficionados hacia las costas jurassianas, no eclipsa la diversidad del viñedo. “Cumple plenamente su papel de embajador, incluso a nivel internacional. Atrae a los visitantes y permite llevarlos después hacia otras cuvées”, analiza Victor Feuvrier. El objetivo: dar a conocer toda la gama. Desde el Crémant du Jura, que vive un auge creciente “impulsado por una calidad que ha mejorado notablemente con las décadas”, hasta los tintos ligeros, pasando por el dulce Macvin, la paleta es completa. “Estoy sinceramente convencido de que quien viene al Jura no puede marcharse sin encontrar un vino que le guste”. En 2026, esta región celebrará también los 90 años de las DDOOPP Arbois y Château-Chalon. Todo un conjunto de invitaciones para descubrir un patrimonio vitícola singular.

Florence Jaroniak

: © Les Ambassadeurs des Vins Jaunes

Leer más: www.percee-du-vin-jaune.com

www.jura-vins.com

La vinoteca: ¡más conectada que nunca!

Durante años relegada a un sótano, la vinoteca ha pasado a ocupar un lugar destacado tanto en hogares como en espacios profesionales. Hoy se integra en la decoración y se reinventa gracias al diseño, la tecnología y los nuevos usos, hasta convertirse en un elemento inteligente y visible.

 

Contenido:

·               Un equipo que ha madurado

·               De la bodega al salón

·               Conservar, servir, administrar

·               Revolución conectada

·               El servicio del vino reinventado

·               Un placer… y un mercado mundial

 

Un equipo que ha madurado

¿Qué une la bodega de ayer con la vinoteca de hoy? Una toma de corriente… y un cierto “saber hacer” francés. En 1976, EuroCave inventó el primer armario refrigerado capaz de recrear las condiciones de una bodega: temperatura estable, humedad controlada, oscuridad, ausencia de vibraciones… Un punto de inflexión que recuerda Camille Syren, directora de marcas del grupo. «La evolución del mercado sigue la de la relación con el vino. Impulsados por un consumo que privilegia la calidad sobre la cantidad, los aficionados quieren conservar y servir sus botellas en buenas condiciones». Así, la vinoteca se emancipa del mundillo de los profesionales y los apasionados. Dos de cada tres franceses disponen hoy en día de un espacio dedicado al vino y un tercio de los que no lo tienen desean disponer de uno. El respeto por el vino sigue siendo la principal motivación, muy por delante de la ausencia de una bodega natural: prueba de que la vinoteca ya no es una elección impuesta por la falta de alternativas.

 

De la bodega al salón

De ser un objeto utilitario, la vinoteca se convierte en un elemento decorativo, asociado a un estilo de vida. «El diseño, la iluminación, el silencio y los acabados cobran cada vez más importancia y la mayoría de las ventas corresponden ahora a modelos con puertas de cristal», señala Camille Syren. El auge de los modelos empotrables lo refleja: «representan el 30 % del mercado actual, frente al 7 % en 2015. La vinoteca se instala en el salón, a veces como un elemento de prestigio”, observa Alyette Lefèvre, jefa de producto de la empresa Frio. Esta evolución influye en el diseño de los aparatos: formatos de nicho, alturas rediseñadas, mayor integración estética… Ahora, las vinotecas «muestran tanto como conservan». En este contexto, los armarios de servicio, más accesibles, dominan ampliamente: el 75 % de las ventas en Francia y el 90 % en el extranjero.

Conservar, servir, administrar

Al mismo tiempo, los usos se diversifican. Las vinotecas ya no solo sirven para la crianza en botella, sino también para conservar los vinos durante algunas semanas y llevarlos a la temperatura adecuada para su degustación, lo que explica el auge de los modelos con temperaturas variadas», explica Camille Syren. Las capacidades varían entre 12 y más de 300 botellas, con un reto adicional: una mayor diversidad (Borgoña, Champagne, vinos internacionales, mágnum, medias botellas, etc.). «Las estanterías se han rediseñado para albergar todos estos formatos, garantizando al mismo tiempo la estabilidad y una conservación óptima», continúa. Otro reto es la eficiencia energética. “Las puertas de cristal, menos aislantes que las puertas macizas, requieren un trabajo exhaustivo en materia de electrónica, iluminación, compresores o cristalería para conciliar diseño y rendimiento».

Revolución conectada

La tecnología digital también está llevando a las vinotecas a una nueva era. La Ecellar de La Sommelière, lanzada en 2021, automatiza la gestión gracias a sus estanterías conectadas y a la aplicación Vinotag. «Se fotografía la etiqueta, se reconoce el vino, se localiza virtualmente, la vinoteca detecta su desplazamiento, actualiza el inventario e incluso señala las botellas que deben consumirse con prioridad», resume Alyette Lefèvre. Con 80.000 usuarios, la aplicación integrará ahora la inteligencia artificial: maridajes, estadísticas, fichas de bodegas… o incluso un «chat» al estilo de un sumiller virtual a domicilio. Algunos avances son más discretos, pero esenciales, como la reducción de las vibraciones o la disminución del consumo energético. Otros proceden del uso, como las estanterías multiformato. «Damos prioridad a los avances realmente útiles para la conservación. El reto es preservar la calidad y la durabilidad en un contexto de rápida obsolescencia de los objetos», insiste Camille Syren.

 

El servicio del vino reinventado

En hostelería, la vinoteca se convierte en una herramienta para mejorar la experiencia del cliente. “Ir a un restaurante es vivir un momento único. Los profesionales apuestan por equipamientos que ponen en valor el vino para mejorar la oferta e incrementar las ventas, destaca Camille Syren. El servicio por copas sigue esta lógica, con necesidades específicas: conservación de botellas abiertas mediante soportes adaptados o sistemas contra la oxidación. El auge del enoturismo empuja a los bodegueros a equiparse; la hostelería sustituye a veces el minibar por una vinoteca y surgen nuevos mercados, como las vinotecas sólo para vinos espumosos, muy apreciadas por algunos establecimientos y clubes privados. Las innovaciones para los profesionales responden sobre todo a las limitaciones del servicio:sensores que apaguen los ventiladores cuando se abren las puertas repetidamente, rejillas deslizantes para un acceso más rápido, presentación de las etiquetas para identificar las botellas de un vistazo o paneles reforzados que pueden soportar que se cierren las puertas con el pie. Aquí priman la ergonomía y la robustez”, subraya Alyette Lefèvre.

Un placer… y un mercado mundial

Francia, un mercado maduro, sigue siendo el país mejor equipado, con 250.000 ventas anuales por valor de 50 millones de euros. Sin embargo, el crecimiento se está desplazando hacia Estados Unidos, India y los Emiratos Árabes Unidos. “La presencia de numerosas marcas, a menudo fabricadas en China, amplía el espectro de precios. Nuestra diferenciación radica en nuestra experiencia, reconocida por el sello «Entreprise du Patrimoine Vivant» (Empresa del Patrimonio Vivo)”, destaca Camille Syren. “Frente a los generalistas, nuestra especialización nos confiere un carácter especial”, añade Alyette Lefèvre. Entre el diseño y la alta tecnología, de fabricación francesa o no, la vinoteca se impone en un mercado mundial de 3.200 millones de dólares, con una previsión de crecimiento del 5,1 % hasta 2034. Una compra hedonista que no ha dejado de conquistar a nuevas generaciones de aficionados.

 

Florence Jaroniak, © Frio

 

Saber más:

https://www.ipsos.com/fr-fr/comment-les-francais-conservent-ils-leur-vin

El Médoc completa su paleta con el blanco

Las primeras botellas de la AOC Médoc blanco saldrán al mercado el próximo mes de abril. Con esta auténtica rareza, los viticultores se enfrentan a un delicado arte: elaborar un vino blanco brillante en una tierra de tintos. Una revolución silenciosa nacida del pasado y orientada hacia nuevos horizontes.

Contenido:

  • Un gran reconocimiento
  • Con estilo propio
  • Una denominación exigente y responsable
  • Pioneros al mando
  • Una dinámica colectiva que se extiende a la “Rive droite”

Un gran reconocimiento

Tras décadas luciendo el tinto, la península de Médoc se viste ahora de tonos más claros. La denominación de origen controlada (AOC) Médoc Blanc, reconocida oficialmente el 5 de agosto de 2025, constituye en realidad la consagración de una gran tradición vitivinícola. «Los viticultores que producen vino blanco querían que se reconociera y protegiera. La denominación garantiza ahora una trazabilidad total y un control sistemático antes de la comercialización», explica Hélène Larrieu, directora de la ODG Médoc, Haut-Médoc y Listrac-Médoc. Producidos en el Médoc desde el siglo XVIII, los blancos alcanzaron los 16.000 hl en 1929 antes de verse eclipsados por los tintos. Durante mucho tiempo, los viticultores siguieron comercializándolos con la denominación municipal, hasta que el INAO, en la década de 1960, puso fin a esta tolerancia, obligándoles a recurrir a la AOC Bordeaux blanc. Su renacimiento se inscribe en un proceso de identidad, paralelo a la certificación del Parque Natural Regional del Médoc en 2019. «Los viticultores tomaron conciencia de que sus ocho denominaciones formaban un conjunto coherente, íntimamente vinculado a un terruño singular«, subraya Hélène Larrieu.

Con estilo propio

La idea surgió en 2017 y se nutrió de un inventario de prácticas vitícolas y enológicas, reflexiones sobre las nuevas variedades de uva, análisis del potencial comercial y catas a ciegas. «Las diferencias quedaron claras», señala Hélène Larrieu. “Sometidos a la doble influencia del océano Atlántico y del estuario de la Gironda, los Médoc blancos se distinguen por su tensión y mineralidad». Las variedades de uva de Burdeos – sauvignon blanc, sémillon, sauvignon gris y muscadelle – aportan «una expresión singular, marcada por notas exóticas y cítricas». Otro rasgo destacado es la crianza en madera. «Obligatoria para al menos el 30 % del lote, ya se lleva a cabo en el 90% de las bodegas. La vinificación en barrica, prolongada con una crianza frecuente sobre lías, aporta redondez, untuosidad y complejidad aromática sin exceso de madera.«

Una denominación exigente y responsable

Los rendimientos están limitados a 55 hl por ha, la crianza en las instalaciones del bodeguero debe prolongarse al menos hasta el 31 de marzo del año siguiente a la vendimia, el embotellado debe realizarse exclusivamente en vidrio y se lleva a cabo un control gustativo antes del envasado: la tónica está clara. El pliego de condiciones también incluye estrictas obligaciones medioambientales: la prohibición del deshierbe total y la obligación de contar con una certificación medioambiental. «No se trata de añadir restricciones, sino de reconocer y valorar lo que la mayoría de los viticultores ya hacían», insiste Hélène Larrieu. «Hemos integrado el compromiso sostenible en el patrimonio colectivo». Además, seis “varietés d’Intérêt à Fin d’Adaptation” (o Vifa, variedades de interés con fines de adaptación) pueden completar el viñedo (albarinho, liliorila, viognier, sauvignac, floréal y souvignier gris), lo que prefigura una apertura progresiva a la diversidad. De las 250 hectáreas de variedades blancas plantadas en el Médoc, 40 lo están con variedades distintas a las tradicionales. «Se trata de un auténtico campo de experimentación que permitirá observar el comportamiento de estas variedades en las condiciones del Médoc, frente al cambio climático«.

Pioneros al mando

En Saint-Germain-d’Esteuil, el Château Castera, Cru bourgeois supérieur, fue uno de los impulsores del proyecto. «Nuestra propiedad producía anteriormente vino blanco, 900 hl en 1922, es decir, la mitad del volumen», explica Laura Sorin, directora de comunicación. Replantada en 2016, una hectárea de sauvignon blanc en suelo arcilloso-calcáreo dio origen a la cuvée Anthoinette. Vendimia manual, prensado de racimos enteros, siete meses de crianza en barrica: a partir de ahora se comercializará como AOC Médoc blanc. «Como muchos productores, realizamos un trabajo de relojería: la producción, que a largo plazo debería ocupar dos hectáreas, requiere tanta atención como nuestras 60 hectáreas de tintos», subraya. Para los bodegueros y sumilleres, esta denominación ilustra «la capacidad del Médoc para renovarse sin renunciar a su exigencia de calidad», con blancos precisos y muy gastronómicos. También seduce a los particulares, adeptos a los vinos más frescos, pero con identidad propia. «El blanco permite redescubrir nuestros tintos a un público que a veces se ha quedado anclado en clichés antiguos, reconectándolo con la evolución del estilo», añade Laura Sorin.

Una dinámica colectiva que se extiende a la “Rive droite

Con 70 explotaciones que suman unas 170 hectáreas, la superficie total representa menos del 2 % de los viñedos del Médoc. El Médoc blanco envía una señal clara en un contexto vitícola complejo. «Esta denominación aporta a los equipos una nueva dinámica: un soplo de aire fresco, nacido del terruño y de la historia, por encima de cualquier estrategia de marketing. No se trata de una moda pasajera, sino del fruto de un trabajo colectivo arraigado en la tradición y orientado hacia el futuro, con herramientas modernas y un mayor rigor técnico», concluye Laura Sorin. Y el movimiento ya inspira a la “Rive gauche” (orilla izquierda): en Saint-Émilion, el 71 % de los viticultores consultados este verano por el Conseil des vins (Consejo de los Vinos) se muestran favorables a la creación de una denominación de blanco, el 82% favorables a una denominación Lussac-Saint-Émilion blanco y el 85 % a una denominación Puisseguin-Saint-Émilion blanco. El Médoc ha abierto el camino. Demuestra, como escribió el gran enólogo Émile Peynaud, que «en el fondo, nada es más moderno que la tradición del Médoc».

Florence Jaroniak

© CHATEAU_CASTERA_Web©ClaudeClin-1061008

Las viñas se arraigan de nuevo en las ciudades

Los viñedos están volviendo a aparecer en el corazón de las ciudades, desde el parisino Clos Montmartre hasta las plantaciones del Palacio de los Papas en Aviñón. Estas microparcelas, símbolo del patrimonio vivo, la cohesión social y la ecología, proporcionan visibilidad y razón de ser a la viticultura urbana.

Contenido:

  • Montmartre, todo un símbolo
  • Un laboratorio al aire libre
  • Aviñón, el viñedo patrimonial
  • Un movimiento que se organiza
  • Un renacimiento cultural y ecológico

Montmartre, todo un símbolo

Del 8 al 12 de octubre, entre catas y conciertos folclóricos, París celebró la fiesta de la vendimia del Clos Montmartre, un evento que reúne ya a 500.000 visitantes. «La primera edición, en 1934, tuvo un gran éxito popular gracias al prestigioso patrocinio de las vedetes de le época, Mistinguett y Fernandel. Se trataba más bien de una fiesta de la uva, ya que la vinificación no comenzó hasta 1953«, recuerda Éric Sureau, presidente del Comité de Fiestas y Acciones Sociales del distrito 18 parisino, responsable del Clos. «Esta viña es un símbolo de convivencia. Las 2.400 botellas que se producen cada año se venden en beneficio de nuestras obras sociales y perpetúan el espíritu contestatario y solidario de Montmartre«.

Un laboratorio al aire libre

Detrás de este paisaje de postal se encuentran 1.800 pies de viñas situados a 130 m de altitud que requieren una gestión meticulosa. «Orientadas al norte, rodeadas de edificios y plantadas en un suelo ligero y yesoso, crecen en condiciones desfavorables. De acuerdo con la política de la ciudad, el principal reto consiste en prohibir los tratamientos fitosanitarios, especialmente visibles y controvertidos en el medio urbano«, explica Sylviane Leplâtre, enóloga del Clos. Muy sensibles a las enfermedades, las cepas se han ido replantando progresivamente a lo largo de diez años con variedades resistentes: resultaba imposible arrancar de golpe un viñedo tan visitado. Calice, Divico, Muscat bleu, Cabernet Jura, Pinotin o Monarch han sido las variedades importadas de Suiza y otros lugares. «Su calidad gustativa supera a la de las variedades híbridas productoras de la época posterior a la filoxera, aunque se ha conservado una hilera en memoria del pasado. En los años soleados, la madurez alcanza los 12°, lo que da lugar a un tinto afrutado y un rosado muy codiciado«.

Aviñón, el viñedo patrimonial

El viñedo del Palacio de los Papas en Aviñón, otra faceta de la viticultura urbana es el único con denominación de origen controlada (AOC) situado dentro de una ciudad en Francia y el único ubicado en un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. «La parcela, plantada en 1997 para producir su primera añada en 2000, año en que Aviñón fue Capital Europea de la Cultura, cuenta con 544 cepas de doce variedades de Côtes‑du‑Rhône. Se trata de un viñedo «auténtico«, gestionado de forma sostenible con el objetivo de obtener la certificación HVE (Alto Valor Medioambiental)«, destaca David Bérard, presidente de los Compagnons des Côtes-du-Rhône, que se encargan de su mantenimiento junto con el instituto vitícola de Orange y los equipos de jardinería de la ciudad. «Están muy implicados, y por ejemplo, prueban diferentes tipos de acolchado, sabiendo que cultivar una viña en la ciudad equivale a trabajar una microparcela. Cada año, un viticultor miembro de los Compagnons vinifica esta producción confidencial, que luego se destina a asociaciones caritativas. «Ahora nos gustaría que ciudadanos de todo el mundo apadrinaran estas viñas urbanas», confiesa David Bérard. Sobre todo, porque desempeñan un papel estratégico: plantadas en otros lugares de Aviñón, afirman su identidad de capital de los Côtes-du-Rhône.

Un movimiento que se organiza

Detrás de estas iniciativas se perfila un movimiento más amplio. «El éxito de Montmartre inspiró a Luca Balbiano, propietario de un viñedo en Turín, a fundar la Urban Vineyards Association en 2019«, explica Éric Sureau, vicepresidente de la organización. «La UVA, que hoy en día reúne a unos cincuenta viñedos urbanos históricos en veinte países, trabaja en su restauración, su valorización cultural y su promoción turística«, mientras que en Francia la dinámica se intensifica. «Hemos puesto en marcha, junto con Montmartre y Lyon, la creación de una Société des Vignes Urbaines de France (Sociedad de Viñedos Urbanos de Francia), que federará a las ciudades francesas para compartir buenas prácticas y estimular nuevas plantaciones«, precisa David Bérard. El acto fundacional de esta asociación, que ya cuenta con veinticinco miembros, se oficializará el 19 de noviembre, durante el Congreso de Alcaldes de Francia en París, con el apoyo financiero de la constructora NGE, que ha creado una filial dedicada al paisajismo para integrar los viñedos en los proyectos propuestos a las entidades locales.

Un renacimiento cultural y ecológico

En realidad, las viñas urbanas son una evidencia. En la Edad Media, casi todas las ciudades tenían sus propios viñedos, con frecuencia cerca de las abadías, como sucede en Montmartre. Desaparecidas en el siglo XIX debido a la urbanización, hoy renacen con diversas funciones. «Para los municipios, son ante todo una tarjeta de visita y una herramienta pedagógica que nos habla de historia, biología, etc., así como un vector de cohesión social«, considera Sylviane Leplâtre. «Más allá de su aspecto cultural, los viñedos son testimonio de una producción agraria integrada en el centro de las ciudades, preservan variedades históricas, ofrecen una huerta y un nicho de biodiversidad y constituyen un instrumento de resiliencia ecológica, ya que actúan como sumideros de carbono y limitan la artificialización de los suelos«, añade David Bérard. Desde París hasta Aviñón, la viticultura no supone un nostálgico retorno al pasado. Al entrelazar pasado y futuro, tal vez esboza una nueva fisonomía de la ciudad del futuro.

Florence Jaroniak, ©: Compagnons des Côtes-du-Rhône.

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El renacimiento de un recipiente milenario

El ánfora vuelve con fuerza a las bodegas modernas tras permanecer eclipsada durante mucho tiempo por la barrica. Material natural, formas variadas, espíritu de mínima intervención: este recipiente antiguo seduce a los viticultores que buscan autenticidad y precisión

Contenido:

• Una historia con 6.000 años de antigüedad
• Un soplo de pureza
• Envases con perfiles variados
• Un nicho que gana terreno
• Cuando la tradición se une a la innovación

Una historia con 6.000 años de antigüedad

Con sus asas y su forma esbelta, el ánfora apareció en Oriente Próximo ya en el IV milenio a. C. Adoptada por los fenicios hacia el 1500 a. C., se convirtió en el recipiente preferido de los romanos para transportar sus vinos. Cada recipiente llevaba entonces su firma (forma, sello o estampado): ¡los signos de trazabilidad de la época! Pero el ánfora no era solo un medio de transporte. Su porosidad, controlada mediante recubrimientos de resina, así como un tapón de corcho coronado por un segundo tapón de arcilla o puzolana, garantizaban una conservación óptima del vino. En la actualidad, tras haber caído en desuso con la llegada de la barrica, está disfrutando de una segunda juventud.

Un soplo de pureza

«Las ánforas, o más bien las jarras y sus derivados, seducen especialmente a las bodegas ecológicas o biodinámicas, ya que responden a una filosofía global de vinificación y crianza: preservar la calidad de la fruta, utilizar un material natural y sostenible e intervenir lo menos posible, limitando o evitando el uso de insumos», explica Volga Voronovskaïa, responsable de comunicación de V&T Amphores, empresa especializada en la selección, el desarrollo y la distribución de estos recipientes en Gradignan (Gironda, Francia). Según Maxence Weck, la microoxigenación natural que aporta el ánfora confiere al vino «una verdadera rectitud y una gran pureza». Al frente de una finca familiar con raíces desde 1696 en Gueberschwihr, Maxence ha elegido un modelo de gres «menos poroso y más resistente que la terracota» para trabajar en la microvinificación de las uvas procedentes de parcelas y lugares determinados. «Utilizamos una versión de 500 litros para el Grand Cru Florimont y otra de 1.000 litros para el Grand Cru Hatschbourg. La idea es ofrecer otra lectura del terruño, elaborando vinos de maceración: el proceso de un tinto aplicado al blanco, lo que da como resultado un vino naranja».

Envases con perfiles variados

Cada material deja su huella. «La terracota, porosa, es adecuada para variedades de uva potentes y crianzas cortas; el gres, más neutro, realza los blancos y tintos finos y poco tánicos; la cerámica técnica, estable y manejable, puede incluso incorporar accesorios como un grifo de degustación», precisa Volga Voronovskaïa. En cuanto al granito, casi impermeable y rico en cuarzo, «realza los vinos de hielo o de guarda, preservando su acidez». Algunos viticultores utilizan incluso recipientes similares a las ánforas: tinajas españolas o kvevris georgianos, a menudo enterrados según la tradición, que ofrecen otras dinámicas de fermentación y crianza. Las formas y los volúmenes también son importantes: jarras abombadas, huevos de pie o tumbados, dolia más redondeadas y estrechas en la base… Según la silueta, los movimientos de convección difieren e influyen en la suspensión de las lías que son auténticas aliadas de la estabilidad y la untuosidad del vino.

Un nicho que gana terreno

Para adaptarse a los usos contemporáneos, el ánfora ahora incorpora accesorios prácticos, pero su coste, fragilidad y manipulación siguen siendo un reto. «Las limitaciones se deben principalmente al tamaño», precisa Maxence Weck. «El ánfora es ideal para pequeñas parcelas, pero demasiado compleja para gestionar todo un viñedo». La inversión, ciertamente elevada, se amortiza con el tiempo: acompaña al viticultor toda su vida, siempre que se proteja de los choques térmicos y se limpie con cuidado. La gestión del oxígeno también requiere una vigilancia especial. Así, el ánfora se impone poco a poco como una opción técnica asumida, vinculada a los vinos de alta gama, elaborados a menudo con técnicas de microvinificación o en combinación con barricas y acero inoxidable. «No es una moda efímera», insiste Volga Voronovskaïa: «los más convencidos la utilizan como herramienta principal, otros la prueban en algunos vinos». Las catas comparativas lo confirman: en una misma añada, las diferencias entre el ánfora, la barrica y el acero inoxidable son notables.

Cuando la tradición se une a la innovación

Los vinos elaborados en ánforas atraen sobre todo a nuevos consumidores, y muchos sorprenden a la clientela más tradicional. «Espontáneamente, asocian estas jarras con los romanos. Intrigados, se dejan seducir. Y, a menudo, la cata les sorprende positivamente: en ánfora, el gewurztraminer, que suele percibirse como un vino dulce, se transforma en seco, tenso, aromático y potente», explica Maxence Weck. Si bien el ánfora impone ciertas precauciones de uso, también abre nuevos horizontes creativos. «El mejor consejo», concluye Volga Voronovskaïa, «es experimentar. Al final siempre convence». En definitiva, el ánfora conecta el patrimonio ancestral con las exploraciones más contemporáneas y nos recuerda que, en materia de vino, el futuro siempre se nutre del pasado.

Florence Jaroniak.

©: V&T Amphores.

Más información:

https://archeologie-vin.inrap.fr/Archeologie-du-vin/Histoire-du-vin/Antiquite-Culture-et-societe

https://www.museecapdagde.com/le-musee/departement-navigation-antique/amphores

Un sello para los vinos portadores del “fuego sagrado”

Los vinos volcánicos por fin se dotan de un distintivo. Con “Volcanic Origin”, la región francesa de Auvernia se convierte en el epicentro de un reconocimiento mundial, entre rigor científico, terruños excepcionales ¡y una narrativa «explosiva»!

Contenido:

  • Un sector en erupción
  • Originado en Auvernia
  • Al principio fue la lava
  • Una explosión de los sentidos
  • Una interpretación geológica del vino
  • Un nuevo continente vitícola

Un sector en erupción

¿El vino sacaría su singularidad de las entrañas de la Tierra? Desde el Etna hasta los “Puys” de Auvernia, la vid prospera en suelos nacidos de erupciones volcánicas. Una identidad fuerte que hoy certifica el sello “Volcanic Origin”. Esta marca inédita, registrada en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), se presentó el 24 de junio en Clermont-Ferrand, durante el Foro Vinora, la gran cita de los productores mundiales de vinos volcánicos. «No se trata de una operación de marketing, sino de una verdadera garantía de origen, basada en un estricto pliego de condiciones para evitar cualquier oportunismo», insiste Pierre Desprat, director de la bodega Desprat-Saint-Verny y vicepresidente de Vinora, impulsor del proyecto. Para obtener esta certificación, los vinos deben contener al menos un 85 % de uvas procedentes de terruños volcánicos certificados, validados mediante cartografía geológica y análisis del suelo. Se prohíben los insumos artificiales y cada añada se somete a un doble control interno y externo.

Originado en Auvernia

La idea de Vinora surgió de una carencia: la falta de notoriedad frente a pesos pesados como los franceses Chablis o Meursault. «No basta con decir que nuestro vino es bueno o diferente: también hay que explicar por qué», insiste Pierre Desprat. ¿El detonante? Un comprador de la SAQ en Montreal, que al principio no mostraba mucho interés por los vinos de Auvernia, pero que cambió de opinión al conocer su origen volcánico. «Comprendí que teníamos un terruño excepcional que no sabíamos valorar». Fundada hace siete años por un colectivo de viticultores, distribuidores e investigadores, la asociación Vinora se asoció en 2019 con el Instituto Francés de la Viña y el Vino (IFV) para iniciar un programa de investigación con las universidades de Dijon y Montreal. Tres estudios más tarde, la conclusión es evidente: el suelo volcánico imprime su carácter al vino, además de reforzar la resistencia de las vides.

Al principio fue la lava

¿Cuáles son las características de estos terruños? «No existe un suelo volcánico, sino una formidable diversidad geológica», explica el geólogo Charles Frankel. Gabro, escorias, puzolana, piedra pómez… «Estas rocas nacidas de la lava, porosas y fracturadas, facilitan el enraizamiento y retienen el agua, como en Santorini, donde la vid crece sobre piedra pómez procedente de una erupción ocurrida en 1612 a. C. en un clima casi desértico.» Algunas se degradan en arcillas o en peperitas, una mezcla de basalto y caliza que aporta una riqueza mineral excepcional, especialmente en Auvernia. «Cultivar en un volcán activo es como jugar a la ruleta rusa», admite el experto. «Pero este riesgo puntual se ve ampliamente compensado por las ventajas del relieve volcánico. La altitud, la exposición, la pendiente, los microclimas… lo convierten en un laboratorio al aire libre, especialmente adecuado para adaptarse al cambio climático».

Una explosión de los sentidos

Sin embargo, «intentar reconocer un vino volcánico a ciegas sería pretencioso», reconoce John Szabo. Este Master Sommelier, referencia mundial en la materia, menciona más bien características comunes. «Salinidad, textura en boca y potencia» resume el sumiller, retomando el subtítulo de su libro. Charles Frankel matiza: «Cada volcán ha visto nacer sus propias variedades de uva, fruto de una larga colaboración entre el hombre y el suelo, como el Nerello Mascalese en el Etna». El mismo volcán genera diferentes estilos: según la altitud, la exposición o incluso la vinificación, los perfiles pueden variar. Por lo tanto, es difícil compararlos, «salvo excepciones como en Oregón, donde una misma variedad de pinot noir plantada a la misma altitud ofrece un perfil afrutado sobre basalto y otro más complejo sobre suelos calcáreos». Sin embargo, es evidente que los vinos volcánicos destacan en una mesa. «Y, sobre todo, cuentan una historia que a los sumilleres les encanta compartir y que a los aficionados les gusta conocer, lo que enriquece considerablemente la experiencia de la cata», puntualiza John Szabo.

Una interpretación geológica del vino

«El elemento volcánico ofrece una nueva perspectiva de cata, no horizontal ni vertical, sino transversal», observa Charles Frankel. Para John Szabo, “Volcanic Origin” introduce así «una forma inteligente de considerar el vino, atractiva para los consumidores nuevos o más jóvenes. De entre todas las referencias geológicas posibles, la volcánica es sin duda la más atractiva, porque fascina a un amplio público». Y el movimiento está cobrando impulso. «Llevo 15 años escribiendo sobre los vinos volcánicos. Su reconocimiento está creciendo exponencialmente. Ya no es un nicho, sino una categoría en sí misma». Y el mercado le da la razón: los Côtes-d’Auvergne (350 hectáreas) venden el 100 % de su producción cada año. La demanda supera la oferta y los precios han subido un 26 % en 7 años. Tanto en las vinotecas parisinas como en las cartas de los grandes restaurantes, la sección «vinos volcánicos» está ganando terreno.

Un nuevo continente vitícola

El entusiasmo también se refleja en los productores. Ya son cuarenta las bodegas que han presentado su candidatura a «Volcanic Origin». El objetivo es llegar a cien a finales de 2025. Mientras John Szabo lidera la dinámica norteamericana, Vinora marca el camino en Europa. Próxima etapa: una presentación de sus trabajos científicos a principios de 2026 en Nueva York, antes de una futura feria internacional en Canarias. «En un mundo vitivinícola a veces considerado complejo, los vinos volcánicos seducen por su evidencia. Afirman la primacía del terruño sobre la variedad de uva, mientras evocan un imaginario poderoso y accesible», insiste Pierre Desprat. Seis regiones francesas están involucradas (Alsacia, Ardecha, Auvernia, Beaujolais, Lenguadoc y Provenza) y el 2 % de los viñedos mundiales. Es una gota en el océano de la producción vitícola, pero son vinos «con mucha chispa» que están conquistando el planeta.

Florence Jaroniak © vins volcaniques/Maison Desprat Saint-Verny

Más información :

www.volcanicwinesinternational.com/szabo

www.dunod.com/vie-pratique/vins-feu-decouverte-terroirs-volcans-celebres

El corcho: un material reciclable y creativo

El tapón de corcho es un material noble y natural que no se limita a su uso en botellas. Gracias a iniciativas ciudadanas, industriales y artísticas, está disfrutando de una segunda vida inesperada. Nos centramos en un caso de reciclaje ejemplar… e inspirador.

 

Contenido:

  • El corcho, discreto campeón de la responsabilidad ecológica
  • Una industria solidaria y comprometida
  • Un reto logístico
  • Una fábrica en acción
  • El tapón se convierte en obra de arte
  • Un gesto sencillo, un impacto real

 

El corcho, discreto campeón de la responsabilidad ecológica

Pequeño en tamaño pero grande en su función, el corcho protege el vino. Compresible, hermético y poco permeable a los gases, permite que el vino respire al mismo tiempo que lo conserva. Y sus cualidades van mucho más allá: resistente a la humedad, al fuego, a los insectos y al desgaste, también es un excelente aislante térmico y acústico. Se cosecha sin talar árboles, por lo que es totalmente natural, biodegradable y reciclable. Su capacidad para encontrar nuevos usos ha dado lugar a una verdadera industria, impulsada desde 2010 por la Federación Francesa del Corcho. «Francia es hoy líder mundial en el reciclaje de tapones de corcho, con un 15 % del total reciclado, es decir, cerca de 400 toneladas al año», destaca Jean-Marie Aracil, su secretario general.

Una industria solidaria y comprometida

Hoy en día, más de 2.000 contenedores de recogida fijos cubren el territorio (en bodegas, viñedos, tiendas de alimentación o incluso en el museo del corcho y tapones de Mézin), a los que se suman puntos de recogida puntuales. La venta de los tapones de corcho recogidos a industriales financia acciones benéficas y medioambientales. ¿El resultado? Más de un millón de euros redistribuidos a las asociaciones recolectoras y más de 15.000 robles alcornoques plantados. Esta dinámica se basa tanto en consumidores más atentos a los materiales naturales y reutilizables como en empresas preocupadas por limitar su impacto ambiental. También se apoya en el éxito del tapón de corcho, que cierra siete de las diez botellas de vino más vendidas en Francia (Nielsen, 2022).

Un reto logístico

Transformado en gránulos, el corcho reciclado encuentra más de un centenar de usos comerciales, desde la aeronáutica hasta la moda, incluyendo unos treinta en la construcción. Pero nunca volverá a convertirse en tapón de botella: «cada fabricante de tapones aplica fórmulas específicas y análisis rigurosos para garantizar la aptitud para el contacto con alimentos. Este nivel de exigencia hace que el corcho reciclado sea incompatible con el cierre de botellas», precisa Jean-Marie Aracil. A pesar de los avances en la recogida, el modelo sigue siendo complicado. «Se necesitan unos 50.000 tapones, es decir, un palé, para garantizar un transporte ecológico y rentable. E incluso reciclando las 4.000 toneladas disponibles cada año, los volúmenes seguirían siendo demasiado bajos para garantizar la sostenibilidad de un sector a nivel nacional. Por lo tanto, el corcho se envía a Portugal, donde se recicla junto con otros suministros procedentes de Europa», añade Jean-Marie Aracil.

Una fábrica en acción

Existe una excepción en Francia: Agglolux-CBL, con sede en Soustons (Landas). «Desde 1929, nuestra empresa transforma el corcho en una gran variedad de productos», explica su director, Pierre Biénabe. «Parte de la materia prima procede de los residuos de los tapones, pero también de tapones reciclados comprados a asociaciones de toda Francia». Agglolux-CBL, única empresa industrial de corcho que recicla tapones en Francia, diseña paneles, rollos, materiales de aislamiento y objetos de decoración. La empresa también colabora con entidades solidarias, como COHAB*, con la que ha desarrollado nidos bioclimáticos aislados con corcho reciclado. «Nuestra fuerza reside en poder responder a las necesidades de los promotores de proyectos, especialmente en una perspectiva de RSE (responsabilidad social empresarial)», afirma Pierre Biénabe.

El tapón se convierte en obra de arte

La reutilización también inspira a los creadores. Para David Mishkin, artista estadounidense francófilo, los tapones de corcho prolongan el recuerdo del vino y son auténticos símbolos de vida. «En mi opinión, los tapones usados tienen mucho más valor que los nuevos.» Su arte, a medio camino entre la escultura, el mosaico y el trabajo en relieve, juega con las formas y los volúmenes. Así, ha creado una cruz monumental a partir de 3.000 corchos de Borgoña procedentes de botellas de la viña del Niño Jesús. Otra obra destacada utiliza corchos de Vouvray, extraídos de una bodega troglodita amurallada durante la guerra para escapar de los nazis. «Seleccioné 25.000 corchos, de los cuales solo 3.000 eran aún utilizables», explica. Como miembro de la Cofradía de los Caballeros del Tastevin desde hace 52 años, también conserva los corchos de sus catas: «El vino me ha permitido descubrir el corcho, me ha enseñado a reconocer su valor y a convertirlo en algo bello». Le gusta recordar que Dom Pérignon destacó la capacidad del corcho para retener la presión del champagne. «Tuve el honor de degustar una botella de más de 180 años, rescatada de un barco naufragado. Gracias a este material, el vino se había conservado en perfectas condiciones».

Un gesto sencillo, un impacto real

Ciudadanos, asociaciones, profesionales… todos se unen para dar una segunda vida al corcho. Y aunque el objetivo europeo de reciclar un 30 % para 2030 pueda parecer ambicioso, los actores franceses se muestran confiados: «Ya hemos superado el 15 % con los medios actuales», recuerda Jean-Marie Aracil. Así que, la próxima vez que abra una botella, no tire el corcho: deposítelo en un punto de recogida. Este pequeño gesto puede ¡hacer crecer un árbol, aislar una casa o inspirar una obra de arte!

Florence Jaroniak, © nataliazakharova/Adobestock

* La asociación COHAB desarrolla soluciones para integrar la biodiversidad en la ciudad.

https://planeteliege.com

Cuando la vid pone a prueba su futuro

Ante el cambio climático, la viticultura francesa reacciona. Con Vitilience, el sector dispone de una herramienta inédita, a la vez estratégica y concreta. ¿Su principal ventaja? Una red de demostradores que prueban, al aire libre, soluciones pensadas para todas las zonas de producción y con todos los actores del sector.

Resumen:

  • Una red en expansión
  • Laboratorios a escala real
  • Sobrio, sostenible, reproducible
  • La inteligencia colectiva en acción
  • Consolidar el cambio a largo plazo

Una red en expansión

¡Ya van ocho! Cuatro nuevos centros se han sumado a la red nacional de demostradores* del programa Vitilience, dirigido por el Instituto Francés de la Viña y el Vino (IFV) y financiado por FranceAgriMer (7,5 millones de euros entre 2024 y 2028). El objetivo anunciado es alcanzar una veintena de plataformas de experimentación para 2028, repartidas por todas las regiones vitícolas. «El comité científico está examinando actualmente nuevas candidaturas. De acuerdo con las recomendaciones del metaprograma INRAE-LACCAVE, origen del plan de acción nacional de adaptación al cambio climático de 2021, Vitilience apuesta por un fuerte arraigo territorial, un punto esencial para responder a la diversidad de los efectos regionales del clima», explica Mélissa Merdy, ingeniera del IFV y coordinadora nacional. Otra novedad: mientras que antes las investigaciones se solían centrar en aspectos aislados, ahora este proyecto da prioridad a las combinaciones ganadoras. «Se trata de adaptar las prácticas, pero también de mitigar su impacto medioambiental, pasando de enfoques monofactoriales a una lógica sistémica y de investigación fundamental, con experimentos listos para ser compartidos y reproducidos».

Laboratorios a escala real

Cada demostrador, que es a la vez una herramienta técnica y colectiva, combina parcelas vitícolas, una bodega experimental y un órgano de gestión local representativo de las partes involucradas, encargado de definir las prioridades, seleccionar las prácticas que se van a probar y dirigir los ensayos. En Beaujolais-Jura-Savoie, el proyecto Vitopia 2051, liderado por SICAREX Beaujolais**, ilustra esta dinámica. «Desde 2018, hemos experimentado con varias herramientas agronómicas: redes antigranizo que también sirven de sombreado, ajuste de la altura del tronco para limitar el estrés térmico, reducción de la superficie foliar, selección de gamay de brotación más tardía para evitar vendimias demasiado precoces», detalla Sophie Penavayre, directora de SICAREX, responsable técnica de Inter Beaujolais y coordinadora del proyecto. «Pero estas medidas se ensayaron por separado. Gracias a Vitilience, ahora podemos combinarlas en una estrategia coherente con las prácticas de los viticultores».

Sobrio, sostenible, reproducible

A partir de septiembre, Vitopia 2051 inaugurará una nueva sección dedicada a la vinificación «sobria»: menos agua, menos energía, menos insumos. Se explorarán varias vías, desde la regulación térmica hasta la higiene, pasando por el azufre o las levaduras. Un ensayo sobre la reutilización de botellas completará el proyecto, que abarca toda la cadena de producción. Paralelamente, SICAREX trabaja en la viña del futuro. Una parcela específica acogerá ensayos con nuevas variedades de uva, portainjertos, sistemas de conducción y acondicionamientos agroecológicos. «La idea es construir un modelo reproducible, asumiendo al mismo tiempo la incertidumbre propia de la innovación. Es una función que los viticultores no siempre pueden asumir por sí solos», destaca Sophie Penavayre.

La inteligencia colectiva en acción

Diseñado desde el principio como un proyecto colectivo, Vitilience reúne a una veintena de socios nacionales (INRAE, INAO, CNIV, etc.) y se apoya en dúos referenciales y dinamizadores en cada región para adaptar los objetivos a las realidades locales. En Champaña, los esfuerzos se centran en la preservación de los aromas; en Occitania, en la gestión del agua; en el Valle del Loira, en el ajuste de las prácticas… «Algunas adaptaciones, como la densidad de plantación, implican decisiones sostenibles. Son medidas difíciles de modificar una vez implementadas», recuerda Mélissa Merdy. De ahí la importancia de un acompañamiento a largo plazo.

Consolidar el cambio a largo plazo

El problema es que cuatro años es poco tiempo para una cultura duradera. Para superar este límite, es necesario contratar a un ingeniero modelador en colaboración con el INRAE, con el fin de elaborar proyecciones a largo plazo y evaluar la solidez de las soluciones probadas. «Vitilience es un punto de partida, no un fin», insiste Mélissa Merdy. El programa prevé jornadas técnicas, visitas de campo, talleres, vídeos y conferencias para difundir los resultados y fomentar su adopción. «A largo plazo, nuestro trabajo también podría contribuir a la evolución de los pliegos de condiciones o de los dispositivos de evaluación de las innovaciones. Si funciona, perfecto. Si no, ¡ya tendremos una respuesta desde el punto de vista de la investigación!», concluye Sophie Penavayre. En un momento en el que la viticultura se está reinventando, la experimentación actúa como brújula. Para no perder las uvas… ni la cabeza.

Florence Jaroniak. ©lorenza62/ AdobeStock

Saber más: www.vignevin.com/vitilience/le-projet/

www.vignevin.com/vitilience/les-demonstrateurs/vitopia-2051

*Viticors’Alti (CRVI, Córcega), Demoniacc (Cámara de Agricultura de Gironda), Vitopia 2051 (SICAREX, Beaujolais-Jura-Savoie), Résiloire (IFV de Montreuil-Bellay), Combioclim (Cámara Regional de Agricultura de Occitania), 3C (BNIC, Cognac), Adam (Centro del Rosado) y Motives (IFV Orange).

** SICAREX Beaujolais: Centro de investigación aplicada en viticultura y enología, creado por el sector, dotado de parcelas experimentales y una bodega en el Domaine du Château de l’Éclair.

El «blanc de noirs» sale de su burbuja

El “blanc de noirs”, durante mucho tiempo reservado a los vinos espumosos, se propone ahora en su versión tranquila. Es un complemento técnico y comercial que seduce tanto a los enólogos como a los distribuidores de vinos.

Contenido:

  • Cambiar de rumbo sin cambiar de variedades
  • Lideran los viñedos meridionales
  • Innovar en el buen sentido
  • Una técnica exigente
  • Vinos que intrigan
  • Un aliado versátil de la gastronomía
  • Una tendencia de fondo

Cambiar de rumbo sin cambiar de variedades

Los hábitos están cambiando en el sector. Y algunas bodegas, en lugar de replanteárselo todo, están rediseñando sus vinos utilizando variedades ya disponibles. Así podría resumirse el cambio de rumbo emprendido por los viticultores que, sin replantar, aprovechan sus castas tintas para producir «blancs de noirs»… tranquilos. Esta práctica, hasta ahora reservada a la Champagne y a las grandes regiones de espumosos del mundo, consiste en prensar directamente las uvas de piel negra y vinificarlas como un vino blanco. Estos vinos se están imponiendo, sobre todo en los viñedos meridionales, como una fuente de diversificación y una respuesta inteligente al desamor de los consumidores hacia los tintos.

Lideran los viñedos meridionales

En Rosellón, por ejemplo, los viticultores han empezado a replantar uvas blancas, pero llevará tiempo recomponer los equilibrios: la DOP blanco de Collioure no se creó hasta 2003. En complemento, algunas explotaciones se centran en los “blancs de noirs”, como Maison Parcé Frères, pionera en este terreno en 2019, con Domaine Augustin y La Préceptorie. «Nuestros viñedos se han centrado históricamente en los vinos tintos, en particular los vinos dulces naturales, que poco a poco se han ido reconvirtiendo en vinos secos. Si bien cubrimos bien este mercado, hemos tenido carencias en vinos blancos, que se han convertido en el color favorito de los franceses», explica Vincent Parcé.

Innovar en el buen sentido

Además, no depende de las variaciones estacionales. Durante mucho tiempo, la región produjo rosados de color intenso, pero el auge de los rosados pálidos ha cambiado el panorama. «Hemos preferido no seguir esta tendencia, para minimizar los riesgos: si un rosado se ha agotado el 1 de agosto, los clientes se quejan; si quedan existencias el 31 de del mismo mes, no le interesa a nadie. En cambio, el “blanc de noirs” se vende todo el año», subraya el viticultor. Esta solución también presenta ventajas agronómicas frente al cambio climático: permite al viticultor vendimiar antes, a partir de agosto, sin esperar a la plena madurez fenólica, y producir vinos más ligeros, de unos 12,5 a 13°, en sintonía con la demanda actual.

Una técnica exigente

Aunque el método es bien conocido, exige rigor, empezando por la elección de la variedad de uva. En lugar de syrah y carignan, consideradas demasiado colorantes, se utilizan garnachas tinta o peluda. «Las uvas, perfectamente sanas, se vendimian poco maduras y se prensan con suavidad para evitar la extracción de color, teniendo en cuenta que desde el principio nuestro objetivo era vinificar sin utilizar agentes blanqueadores como el carbón vegetal», explica Vincent Parcé. «El reto ha sido combinar la claridad del mosto con rendimientos económicamente viables. Este trabajo se ha ido perfeccionando con el tiempo: protocolos de prensado, fermentación maloláctica -que no realizamos en nuestros blancos, pero que reduce un poco más el color- y, a continuación, crianza en barricas durante 7 meses, con bâtonnage diario de las lías.»

Vinos que despiertan la curiosidad

El esfuerzo está dando sus frutos: la producción ha pasado de 1.000 botellas en 2019 a casi 10.000 en la actualidad. Romy Touchet, directora de la vinoteca Cave des Chouans en Jard-sur-Mer (Francia), ha constatado una creciente curiosidad: «Hemos incluido un blanc de noirs tranquilo en nuestra selección por su originalidad». Este interés por los vinos atípicos es especialmente marcado en el segmento de edad de 30 a 40 años. A partir de los 50, los hábitos ya están más consolidados». Hasta la fecha, ninguno de nuestros clientes pide espontáneamente este tipo de vino porque no sabe lo que es. «Tenemos que dar más explicaciones sobre la elaboración del vino, las variedades de uva, el perfil, etc. Esto requiere un verdadero esfuerzo educativo», añade Touchet.

Un aliado versátil de la gastronomía

Al contrario que la versión efervescente, el blanc de noirs tranquilo ofrece un producto más accesible y cotidiano, con una marcada personalidad. «El pinot noir que proponemos presenta una magnífica expresión: un cuerpo vinoso equilibrado por la frescura, una sutil mineralidad y un marcado carácter afrutado. De este modo, los “blancs de noir” pueden maridarse con algo más que los platos asociados a los blancos clásicos. Es un perfil que seduce, y pensamos ampliar nuestra gama con otros vinos similares», concluye Romy Touchet.

Una tendencia de fondo

Aunque todavía persisten ciertos bloqueos, como el menor rendimiento del mosto y la falta de transparencia en las técnicas de vinificación, el movimiento se está extendiendo más allá de las fronteras del Rosellón. Desde Córcega (Domaine Giudicelli, Comte Peraldi…) hasta el Loira (Domaines Mourat, Couly-Dutheil….), pasando por Burdeos (Château Peybonhomme-les-Tours, Château Castera, Domaines Bourotte-Audy…) y Provenza (Château Grand Boise, Clos des B…), las iniciativas florecen. El blanc de noirs tranquilo, impulsado por una lógica de valorización, ya no es una curiosidad: poco a poco va ganando terreno. Es un vino camaleónico, capaz de sorprender, seducir y cambiar los hábitos de consumo.

Florence Jaroniak.© Pexels (Cup of Couple)

Cuando las etiquetas tienen sentido

Diseño, estrategia, percepción sensorial… La etiqueta de una botella se ha convertido en mucho más que una simple pegatina. Transmite mensajes, cuenta una historia, influencia y vende.

Contenido:

Un elemento distintivo… tan antiguo como el propio vino

Incitar a la compra y apoyar la identidad

Identificar el objetivo y encontrar las palabras adecuadas

Entre búsqueda de sentido y naturalidad

Innovación estratégica

Un elemento distintivo… tan antiguo como el propio vino

Los comerciantes de vino ya promocionaban el contenido de sus jarras antes de que aparecieran las primeras etiquetas de papel en el siglo XVIII. En el Museo del Louvre, un fragmento de la época de Ramsés II (-1279 a -1213), hallado en Egipto, indica el origen del vino que contenía. Hoy en día, las etiquetas no se limitan a informar: llaman la atención y orientan al consumidor a la hora de elegir. Según una encuesta de Opinion Way para los Vignerons Indépendants (2023), siete de cada diez franceses consideran que la etiqueta es un criterio importante a la hora de comprar. Un estudio reciente de la Universidad Estatal de Washington revela también que el diseño influye en nuestras percepciones e intenciones de compra.

Incitar a la compra y apoyar la identidad

Los consumidores estadounidenses encuestados preferían etiquetas con códigos visuales considerados femeninos: flores, caras, etc. «También contaban con una mejor experiencia sensorial global y eran más propensos a comprar el vino», señala Ruiying Cai, autora principal del estudio. Y lo mismo ocurre incluso con los consumidores más experimentados: «La influencia de estas señales de género era tan fuerte que superaba otros factores como el conocimiento del producto», añade Christina Chi, coautora del estudio. En una prueba a ciegas, el mismo vino se percibía como afrutado y dulce con una etiqueta femenina, y más mineral con una versión masculina. «La etiqueta es un verdadero instrumento de identidad. Del mismo modo que la colocamos en la botella, la fijamos simbólicamente a lo que representa el vino, que es mucho más que un producto», confirma Sophie Javel, cofundadora de Exceptio, estudio de diseño especializado en vinos y espirituosos, con sede en Gradignan.

Identificar el objetivo y encontrar las palabras adecuadas

Como primer contacto visual con el consumidor, la etiqueta es un distintivo diseñado para reflejar la singularidad del producto. «El etiquetado implica coherencia entre lo que vemos y lo que bebemos, y forma parte de una estrategia global de comunicación más amplia. Se trata de contar una historia sin inventarla necesariamente, el storytelling no significa inventar historias, sino dar sentido a lo que hacemos». Por tanto, la etiqueta correcta debe dirigirse al público adecuado de la forma adecuada. «Hay que definir el público objetivo y respetarlo. El envase no será el mismo para un vino patrimonial cargado de historia que para una cuvée joven, más accesible y destinada al consumo cotidiano», insiste Sophie Javel. El tono, los colores, las formas y la tipografía deben adaptarse al punto de venta: vinotecas, supermercados, etc.».

Entre búsqueda de sentido y naturalidad

¿Puede un gran vino recurrir al humor? ¿Puede un vino natural vestirse de clasicismo? La respuesta es sí, pero con sutileza. «Más allá de los efectos de la moda, la libertad gráfica se expresa con claros códigos para los consumidores, que se han cansado ante todo de la falta de sentido. Cuando una etiqueta tiene realmente éxito, transmite algo que es acertado. Cuenta lo que hay dentro de la botella, cómo se ha fabricado y con qué intención, ya sea con un diseño multicolor o minimalista». La creciente conciencia ecológica es otra tendencia. Pero ojo con las fórmulas simplistas. Ser responsable no significa necesariamente optar por papel reciclado con una huella de carbono cuestionable. «¿Tu filosofía principal es ser virtuoso o… elaborar un buen producto respetando ciertos parámetros?», se pregunta Sophie Javel, mencionando varias opciones: papel más fino, tinta al agua, ausencia de dorado, etiquetas fácilmente despegables y formas de botella que permitan el reciclado. Una sobriedad a veces invisible, pero coherente. Hasta el lenguaje visual evoluciona: menos representaciones de castillos, sobre todo en la región de Burdeos, y más paisajes «para situar la vid en un ecosistema y mostrar su arraigo en un entorno vivo».

Innovación estratégica

La tecnología no está ausente de los envases: códigos QR obligatorios para nuevas informaciones reglamentarias, acompañados con frecuencia de un código QR más narrativo que dirige a una página web, realidad aumentada, etc. Pero estos usos siguen siendo marginales. «El vínculo entre la etiqueta física y la tecnología digital se reforzará sin duda. Sin embargo, la modernidad ya no se encuentra en la innovación técnica, sino en la combinación inteligente de elementos que dan coherencia al conjunto», concluye Sophie Javel. La innovación se está convirtiendo en una cuestión de ensamblaje, como el propio vino. Y las etiquetas de hoy cristalizan cuestiones mucho más amplias que la simple presentación de un producto. Lejos de renunciar a la tradición, la actualiza ante las nuevas exigencias: más sentido, más sinceridad, más responsabilidad. Algunas marcas lo han convertido en todo un arte. Desde 1945, Château Mouton Rothschild confía cada año la etiqueta de su nueva añada a un artista diferente. Para 2022, Gérard Garouste ha aceptado el reto. Objeto de colección y herramienta de marketing, un simple rectángulo de papel vale a veces más que mil palabras.

Florence Jaroniak. © Taka/AdobeStock

Más información:

https://collections.louvre.fr/ark:/53355/cl010073861

https://news.wsu.edu/press-release/2024/10/01/women-more-likely-to-choose-wine-with-feminine-labels