Los biorresiduos se convierten en recursos estratégicos

Desde los sarmientos al orujo de uva, los residuos de la viticultura y de la vinificación se transforman en energía, en cuero vegetal o en soluciones de protección natural. Esta dinámica de economía circular permite reducir la huella de carbono del sector al mismo tiempo que suministra materias primas vegetales a otros ámbitos industriales.

Sumario

  • Un giro normativo
  • En auxilio del suelo
  • La alquimia de la madera y el biocontrol
  • Del orujo al material de excepción
  • La vid, en el centro del relato

Un giro normativo

Durante mucho tiempo, los residuos vitícolas (sarmientos, orujos, lías) fueron considerados difíciles de eliminar. Hoy, los coproductos vitivinícolas se han convertido en una biomasa estratégica cuya valorización se analiza ahora desde todos los ángulos: ambiental, agronómico y económico. Desde una circular de 2011 que regula la quema al aire libre de los residuos vegetales, los viticultores están incentivados a buscar alternativas sostenibles. El decreto de 2014 aceleró después el proceso al flexibilizar la obligación de entrega exclusiva de orujos y lías a las destilerías, abriendo el camino al compostaje, la metanización o el retorno al suelo.

Para explotar este potencial era imprescindible localizarlo. “Un proyecto nacional coordinado por el Instituto Francés de la Vid y el Vino permitió, desde 2016, cartografiar los recursos y las unidades de valorización de cuatro grandes cuencas vitícolas”, recuerda Émilie Adoir, responsable de evaluación ambiental en el IFV. El trabajo, iniciado en Burdeos-Aquitania, Borgoña–Beaujolais–Saboya–Jura, Charente-Cognac y Champaña, se amplió posteriormente al Suroeste, Languedoc-Rosellón y el Valle del Loira, y hoy en día abre nuevas perspectivas.

En auxilio del suelo

Una primera vía de valorización conduce directamente al núcleo de los suelos vitícolas. El IFV estudia los biocarbones – un carbón vegetal obtenido por pirólisis de orujos destilados, reconocidos por su capacidad para mejorar la retención de agua y la funcionalidad del suelo. Este enfoque será objeto de un programa experimental entre 2026 y 2029, financiado por el Plan Nacional contra el Decaimiento del Viñedo. “La lógica consiste en devolver a la tierra lo que nos proporciona, a partir de recursos locales y prácticamente gratuitos”, subraya Émilie Adoir, quien menciona igualmente el compost de orujos o de sarmientos como alternativas naturales a los fertilizantes de síntesis.

En esa misma línea de economía circular, el proyecto multipartito Valoceps, lanzado el pasado mes de marzo en el Valle del Loira, se centra en la valorización de las cepas arrancadas. De aquí a 2028, el objetivo es estructurar su recogida –  potencial estimado en 9.700 toneladas de materia seca anuales en la cuenca del Loira –   para destinarlas a usos como la producción de energía por pirogasificación o la extracción de polifenoles destinados a aplicaciones cosméticas y farmacológicas.

La alquimia de la madera y el biocontrol

En Meursault, la empresa Vitis Valorem ha convertido la valorización de los sarmientos en el eje central de su actividad. Para evitar el desperdicio – frecuentemente mediante quema – de cerca de “dos toneladas de materia seca por hectárea” generadas anualmente en el viñedo francés, la compañía desarrolla Sarmine®, una harina micronizada de sarmientos capaz de sustituir ciertos componentes plásticos o compuestos técnicos.

Además de reincorporarse al viñedo en forma de postes de emparrado o tutores biodegradables, este material encuentra aplicaciones industriales en sectores como la automoción, la construcción o el embalaje. Esta dinámica de I+D se extiende también a la protección fitosanitaria con Antoférine, un fungicida de biocontrol desarrollado en colaboración entre Antofénol y Gowan. Basado en un proceso innovador de ecoextracción, Antoférine permite aislar las moléculas naturales de defensa presentes en los sarmientos de vid, contribuyendo a reducir el recurso a insumos de síntesis en la lucha contra el mildiu.

Del orujo al material de excepción

La economía circular se extiende también al sector del lujo. Nisiar, un material patentado desarrollado a partir de orujo destilado nace de la visión de la start‑up Mondin, cofundada cerca de Bayona por Rodolphe Mondin y Julien Houssiaux. “En Francia, donde en determinadas añadas se generan más de 850.000 toneladas de orujo de uva, la viticultura ya dispone de infraestructuras consolidadas de valorización. A diferencia de otros biomateriales emergentes, no ha sido necesario crear una cadena de valor desde cero”, explica Rodolphe Mondin.

El proceso se basa en una doble etapa de valorización: “las destilerías extraen el alcohol y otros compuestos, y nosotros recuperamos el residuo restante, al que aplicamos tratamientos naturales antes de reducirlo a polvo”. Combinado posteriormente con un biopolímero, el orujo se transforma en un material monocapa compuesto en un 73% por materias vegetales, sin refuerzos textiles ni pigmentos sintéticos.

A diferencia de otras soluciones basadas en fibras de cactus o piña, más próximas a los cueros vegetales clásicos, Nisiar reivindica propiedades mecánicas comparables a las del cuero animal: flexibilidad, termoformabilidad, hidrofobicidad y resistencia a la abrasión. En la actualidad, sus principales aplicaciones se concentran en la pequeña marroquinería, los envases de lujo y la relojería.

La vid, en el centro del relato

Para Rodolphe Mondin, el desafío no es únicamente técnico o industrial, sino también narrativo. “En algunos proyectos garantizamos la trazabilidad del orujo hasta la bodega de origen, lo que permite al viticultor comunicar de forma tangible sobre la valorización de sus residuos”. Cada variedad encarna así la identidad de su terruño. “Los tonos varían ligeramente según las variedades y el propio proceso de fabricación genera un aroma natural que actúa como una firma sensorial distintiva”.

En el caso de grandes bodegas, el reto puede consistir en reutilizar su propio orujo para diseñar estuches o accesorios, dando lugar a circuitos locales de ecodiseño estrechamente vinculados a la identidad de la marca. A largo plazo, la ambición de Rodolphe Mondin va aún más lejos: “concebir un material íntegramente procedente de los subproductos de la vid” capaz de cerrar completamente el ciclo de valorización.

Entre la alta tecnología y el regreso a los orígenes, la viticultura francesa y sus aliados muestran que el porvenir del sector se construye también a partir de la transformación de los residuos en oportunidades.

Florence Jaroniak – © Nisiar/Mondin

Más información:

https://www.vignevin.com/environnement/valorisation-des-biodechets/https://techniloire.com/actualite/lancement-du-projet-valocepsom/actualite/lancement-du-projet-valoceps

El vino y el choque generacional

Dos estudios internacionales recientes confirman que los menores de 40 años están tomando las riendas del mercado del vino. Al romper con los códigos tradicionales, estas nuevas generaciones obligan al sector a reinventar su narrativa para seducir a un público que busca sentido, transparencia y comunidad.

Contenido:

  • La coronación de los millennials
  • Transparencia, bienestar y burbujas
  • Fin del determinismo familiar
  • Un potencial por explorar
  • La bodega como sala de juego
  • El arte de sorprender

La coronación de los millenials


En Estados Unidos, se ha producido un cambio significativo: por primera vez, los millennials (26-40 años) han superado a los baby boomers y se han convertido en el principal grupo de consumidorde vino (31 % frente a 26 %). Así lo señala el estudio del Wine Market Council (WMC), publicado en diciembre de 2025. Sin embargo, el triunfo es relativo: el mercado estadounidense ha perdido nueve millones de consumidores habituales en solo dos años. Hoy, únicamente el 29 % de los adultos declara beber vino al menos cada dos o tres meses, y más del 40 % afirma reservarlo para momentos “especiales”. Según Liz Thach, presidenta del WMC, “el consumo asociado al descanso en casa o a las cenas entre semana está disminuyendo”.

Transparencia, bienestar y burbujas


Si millennials y generación Z (18-25 años) ganan peso, también transforman los códigos del consumo. Más de un tercio de los millennials estadounidenses afirma que no le gusta el sabor del vino y prefiere otras bebidas, como los espirituosos o la cerveza. Para Liz Thach, se trata de una auténtica “señal de alarma”: el sector necesita comunicar mejor sobre los aromas, estilos y composición del vino en la botella, «ya que muchos consumidores piensan que el vino contiene mucho azúcar o aditivos innecesarios». Olivier Roblin, gerente de Caves du Panteón en París, lo confirma: «mis clientes de entre 20 y 30 años se decantan casi exclusivamente por el vino natural. Exigen transparencia y buscan productos saludables y ligeros». Para esta generación, el vino forma parte de su búsqueda del bienestar inmediato y no dudan en cambiar sus hábitos para mejorar su estado de ánimo o su sueño. Aunque sus gustos son eclécticos, los millennials y la generación Z consumen mucho más vino espumosoque las generaciones anteriores.

Fin del determinismo familiar

Este cambio va acompañado de una evolución de los valores. El sector de los grandes vinos parece haber avanzado apoyándose en ideas preconcebidas respecto a las motivaciones de los nuevos coleccionistas. Al menos, esa es la conclusión del think tank Areni Global en su estudio presentado en la feria Wine Paris 2026. Sus expertos han analizado el comportamiento de los compradores menores de 40 años en seis mercados clave en todo el mundo. ¿Primera conclusión? Contra lo que suele suponerse, convertirse en amante de los grandes vinos por herencia familiar no se basa en ninguna realidad estadística. El compromiso nace de un «momento fundacional» entre amigos, que requiere la validación de los compañeros para afianzarse a largo plazo. Como explica Olivier Roblin: «los jóvenes que entran en la tienda lo hacen casi siempre en grupo o por recomendación de un amigo. Y se alejan de los vinos clásicos de sus padres.» El estudio también matiza otra creencia: los jóvenes no ascienden automáticamente en gama con la edad o el aumento de ingresos. Más bien reclaman comunidad, vínculo directo con bodegueros y comerciantes. Por último, a partir de los 25 años, asocian las redes sociales con consumo masivo, lejos del prestigio que buscan en el vino.

Un potencial por explorar


El estudio de Areni identifica otro punto ciego: el desinterés de las mujeres. Aunque antes de los 25 años las mujerescasi igualan a los hombres en su iniciación(44 % frente a 56 %), su compromiso cae en picado después de los 30: solo una de cada cuatro se convierte en compradora habitual, frente a tres de cada cuatro hombres. A partir de los 56 años, las mujeres solo representan el 13 % de los aficionados. Sin embargo, el 43 % expresa el deseo de implicarse más, lo que evidencia una falta de adaptación del sector a sus estilos de vida, y no una falta de interés.

La bodega como sala de juego

Otra conclusión: para el 30 % de los jóvenes aficionados, coleccionar vino se parece a un videojuego: emoción, reglas claras, progresión gratificante y fuerte componente digital. Pero el tiempo juega en contra: «si no te conviertes en coleccionista antes de los 40, probablemente nunca lo serás«, afirma Pauline Vicard, cofundadora de Areni Global. El presupuesto también es determinante: «para seducir a esta generación, el precio debe situarse entre 10 y 20 euros; por encima, los perdemos”, advierte Olivier Roblin. Confirma lo identificado por Areni Global: «La verdadera colección es minoritaria. Solo tengo un cliente así: un camarero joven que dedica sus propinas a su colección. El resto consume al momento».

El arte de sorprender

Ante estos cambios, la interprofesión de los vinos de Burdeos ha definido su hoja de ruta 20262029, enfocada a consumidores de entre 25 y 40 años a través de tiendas de vinos, restaurantes y bares de vinos. El asesoramiento será clave para conquistar a un público con poder adquisitivo, pero con hábitos aún inestables. El papel del asesoramiento cobra entonces una importancia fundamental. Para Olivier Roblin, la clave reside en la capacidad de sorprender: «intento sorprenderles. Si vienen con una idea fija, les propongo una variedad o región que no conocen. Y les ofrezco un vino adaptado a su paladar, pero por 15€ en lugar de los 20€ previstos. Así conviertes la curiosidad en fidelidad». La nueva generación está lista. La partida acaba de empezar.

Por Florence Jaroniak, ©: pxhere.

Más información:

https://areni.global/report/the-new-fine-wine-customer https://winemarketcouncil.com/new-wine-market-council-study-finds-millennials-now-largest-u-s-wine-drinking-cohort

La unión hace… la viña

En diversos terruños, cada vez más viticultores deciden apoyarse mutuamente para compartir recursos, asegurar sus trayectorias y garantizar la continuidad de sus explotaciones. Asociación, Cuma o bodega compartida: lo colectivo se convierte en un auténtico motor para el futuro.

Contenido:

  • Frente común en zonas aisladas
  • Un marco flexible
  • Fuerza colectiva
  • Un escudo contra lo imprevisto
  • Herramienta y red de seguridad
  • Una bodega incubadora de talentos
  • Convicción compartida

Frente común en zonas aisladas

Al margen de las grandes zonas vitivinícolas, la viña no se cultiva en solitario. A finales de 2024, una decena de viticultores del sur de los departamentos franceses de Aveyron y Cantal crearon la asociación Contre-Pente (Contra-Pendiente), presentada a la prensa el pasado enero. “Trabajamos en estos territorios rurales aislados, marcados por prácticas agrícolas a veces en vías de desaparición y donde la viticultura está históricamente poco presente”, explica Pauline Broqua, viticultora del Domaine des Buis en Entraygues-sur-Truyère. ¿El punto en común? “Una visión rural, respetuosa con la vida, con vinificaciones naturales, sin aditivos, o lo menos posible” que tenía dificultades para encontrar su lugar en los marcos existentes. “Ni las denominaciones ni lo ecológico bastaban para expresar nuestra filosofía.”

Un marco flexible

Sin embargo se sucedieron una serie de crisis: heladas en 2019 y 2021, mildiu en 2023, helada negra en 2024. “Ante la acumulación de riesgos climáticos y un contexto geopolítico que fragiliza las explotaciones, se hizo evidente que debíamos organizarnos colectivamente.” Sin encerrarse en un sello rígido, el grupo se apoya en “unas bases flexibles basadas en grandes líneas como priorizar el trabajo manual y empresas de tamaño humano”. Contre-Pente ya está aplicando medidas concretas: una cuvée colectiva para alimentar un fondo de urgencia en caso de problemas, bases de datos compartidas y una comunicación común: logotipo en las botellas, stands conjuntos en eventos locales, etc.

Fuerza colectiva

“Estar juntos nos permite transmitir un discurso coherente donde cada uno puede hablar de sus vinos y de los de los demás, sin borrar la identidad de las bodegas, para ganar en visibilidad y fuerza.” Esta estrategia responde a una necesidad: “las pérdidas de cosecha dificultan el mantenimiento de volúmenes regulares en el mercado.” Hasta ahora informal, la ayuda mutua se estructura para permitir a los clientes encontrar siempre un poco de vino de Aveyron o del Cantal en su bodega. “Sería mentir decir que la asociación ha permitido vender palés de vino de un día para otro.” Sin embargo, el beneficio es moral: “hablar de dinero, de fracasos o de dudas no es sencillo. Aquí no hay juicio ni exclusión.”

Un escudo contra lo imprevisto

En el Valle del Loira, tres grandes heladas en cinco años llevaron a una quincena de viticultores a agruparse en la CUMA (Cooperativa para el Uso de Maquinaria Agrícola) Bourgueil Viti antigel. “Somos varios productores en zonas de alto potencial cualitativo pero muy propensas a heladas, a menudo con relevo generacional asegurado. Necesitábamos una solución duradera”, resume Michel Delanoue, presidente de la estructura y viticultor del Domaine de la Noiraie. Desde 2023, 55 hectáreas están protegidas por aspersión localizada y torres fijas.

Herramienta y red de seguridad

La inversión de 800.000 €, financiada con un préstamo a veinte años, habría sido imposible de asumir individualmente, más aún en un contexto de fragmentación parcelaria. “Acudir a un banco con este tipo de proyecto supone contar con un colectivo estructurado. Un joven viticultor aislado, por muy motivado que esté, tendrá muchas más dificultades para que le escuchen. Además, la CUMA nos dio acceso a subvenciones del 35 %.” Más que un parque de maquinaria, la CUMA actúa como una red de seguridad social: “somos más compañeros que competidores. Los intercambios de experiencias crean una emulación sana, sin una lógica de eliminación de los más frágiles”, añade Delanoue, quien creó su primera CUMA en 1985, con 24 años, para comprar una máquina vendimiadora.

Una bodega incubadora de talentos

En Aubignan, en el departamento francés de Vaucluse, el colectivo se organiza a otro nivel. Desde 2010, Laurent Cornud acoge a una veintena de viticultores del mismo sector en su bodega. “No es un lugar donde se traen uvas para recuperar vino terminado. Necesito ver las viñas, hablar con los viticultores, comprender su proyecto, sus objetivos cualitativos”, explica este enólogo y gerente de LC Vini-Service. Aquí, cada viticultor mantiene el control de su proyecto, pero comparte el espacio en el marco de un contrato de alquiler de la bodega por un año, renovable o no, vinculado a un grupo de empresarios. “Contrato, formo y coordino los equipos. Es una garantía de rigor y homogeneidad. Si cada viticultor interviniera por su cuenta, todos querrían hacer los remontados a la misma hora. Harían falta más bombas, más material… y se volvería a crear una bodega clásica.”

Convicción compartida

La mutualización reduce los costes y los riesgos financieros. Laurent Cornud menciona el caso de un joven viticultor que aún pertenece a una cooperativa, que vinifica pequeños volúmenes, prueba el mercado y prevé aumentar progresivamente antes de, quizás, construir su propia bodega. Las instalaciones también sirven de escuela: “algunos viticultores llegan sin dominar los fundamentos de la vinificación. Son bienvenidos para catar, intercambiar, comprender las decisiones técnicas.” También ha conocido a viticultores en dificultad: “hemos buscado soluciones juntos, a veces incluso fuera de la bodega, para que su estructura siga siendo viable.” Sea para combatir las heladas, comercializar o vinificar, el motor es el mismo. Como resume Pauline Broqua: “las respuestas a las crisis actuales solo pueden ser colectivas.”

Por Florence Jaroniak © Union Contre-Pente

El oro amarillo sale de su barrica

La “Percée du Vin Jaune*” regresa con fuerza a Lons-le-Saunier los días 31 de enero y 1 de febrero de 2026 tras una pausa oportuna. La región francesa del Jura se dispone a revelar su tesoro más preciado, entre fervor popular y una profesionalización creciente, confirmando así el prestigio internacional de su viñedo.

* La “Percée du Vin Jaune” hace referencia a la apertura de una barrica de vino amarillo o “vin jaune”, antes de consumirse y comercializarse.

Contenido:

  • Un evento renovado
  • La paciencia elevada a arte
  • El tiempo en acción
  • Una añada con carácter
  • Un archipiélago de sabores

Un evento renovado

Aunque es el viñedo más pequeño de Francia por superficie, el Jura no deja de provocar pasión en la escena enológica gala. Tras cifras récord de asistencia —hasta 60.000 visitantes en 2016— “la Percée du Vin Jaune” hizo una pausa en 2025 para reinventarse. Durante años sostenida por apasionados voluntarios, la asociación organizadora cuenta ahora con una responsable de eventos encargada de coordinar sus 28 comisiones de trabajo. Un refuerzo que permite a los viticultores centrarse en su oficio y a Victor Feuvrier asumir con serenidad el papel de embajador 2026.

“Suceder a personas como Pierre Rolet o Georges Vandelle es un inmenso orgullo y una experiencia tan enriquecedora como inesperada”, confiesa. Viticultor, vicepresidente del Caveau des Byards en Le Vernois y comerciante, ve en el evento mucho más que la presentación de una nueva añada: “el público busca un todo: un vino, una fiesta, una historia, un territorio”. Multiplicando las animaciones y cambiando regularmente de localidad, “la Percée se ha abierto a un público más amplio, más joven”, contando en cada edición la historia de un nuevo pueblo y terruño, con una ambición intacta: “dar ganas de volver”.

La paciencia elevada a arte

En el corazón de esta celebración: “el vino de los reyes y rey de los vinos”. Procedente exclusivamente de la variedad Savagnin, representa una parte ínfima de la producción del Jura, pero brilla como un lingote en el fondo de la copa. Cuatro denominaciones del Jura están autorizadas a producirlo: Château-Chalon, Arbois, Côtes-du-Jura y L’Étoile. Su origen oscila entre dos relatos: el de un viticultor distraído que descubre, años después, el contenido metamorfoseado de una barrica olvidada; o el de las abadesas de Château-Chalon que habrían ideado la crianza bajo velo. Una cosa es segura: el “vin jaune” (vino amarillo) es una escuela de paciencia.

El tiempo en acción

El vino blanco vinificado de manera tradicional se coloca en barricas de madera durante al menos seis años y tres meses. El viticultor no practica el ouillage: nunca añade vino para compensar la evaporación natural. Entonces se forma un velo de levaduras en la superficie. Esta barrera biológica protege el vino de la oxidación y le aporta aromas complejos, especialmente de nuez y almendra tostada”, explica Victor Feuvrier. Al término de este maratón temporal, la “parte de los ángeles” ha cobrado su tributo: de un litro inicial, solo quedan 62 cl, volumen exacto del “clavelin”, la única botella autorizada para este vino excepcional. Este proceso explica el valor de un vino de alta gama, que suele comercializarse entre 35 y 40 euros la botella. De ahí la importancia de la pedagogía: “los visitantes han oído hablar de él, pero no siempre conocen su método de elaboración. Luego, les gusta… o no. Nos toca explicarles que se trata de un vino particular, que no se aprecia necesariamente a la primera. Hay que tomarse el tiempo para descubrirlo y acompañarlo bien”.

Una añada con carácter

Esta 27ª edición marcará la “mise en perce”, es decir, la apertura de una barrica de 228 litros, de la añada 2019. Un año difícil, entre heladas primaverales y un verano complicado, que dio poco volumen, pero uvas de calidad. Victor Feuvrier se alegra: “hoy obtenemos vinos amarillos muy equilibrados, con una bella persistencia y una complejidad notable en la degustación”. Las festividades en Lons-le-Saunier prometen estar a la altura. En la tradicional subasta, una botella de 1895 recordará la capacidad del “vin jaune” para atravesar los siglos sin perder frescura. El evento, por su parte, se abre a la modernidad: una aplicación móvil facilitará la navegación entre las 47 bodegas abiertas al público, mientras que las “battles” (duelos) culinarias realzarán los maridajes. A este respecto, el embajador recuerda que la combinación con una tabla de quesos regionales o un ave de Bresse con morillas sigue siendo indiscutible, pero el “vin jaune” también sabe sorprender: “Algunos platos exóticos funcionan muy bien, especialmente la gastronomía especiada a base de curry”.

Un archipiélago de sabores

Si el “vin jaune” es el faro que guía a los aficionados hacia las costas jurassianas, no eclipsa la diversidad del viñedo. “Cumple plenamente su papel de embajador, incluso a nivel internacional. Atrae a los visitantes y permite llevarlos después hacia otras cuvées”, analiza Victor Feuvrier. El objetivo: dar a conocer toda la gama. Desde el Crémant du Jura, que vive un auge creciente “impulsado por una calidad que ha mejorado notablemente con las décadas”, hasta los tintos ligeros, pasando por el dulce Macvin, la paleta es completa. “Estoy sinceramente convencido de que quien viene al Jura no puede marcharse sin encontrar un vino que le guste”. En 2026, esta región celebrará también los 90 años de las DDOOPP Arbois y Château-Chalon. Todo un conjunto de invitaciones para descubrir un patrimonio vitícola singular.

Florence Jaroniak

: © Les Ambassadeurs des Vins Jaunes

Leer más: www.percee-du-vin-jaune.com

www.jura-vins.com

La vinoteca: ¡más conectada que nunca!

Durante años relegada a un sótano, la vinoteca ha pasado a ocupar un lugar destacado tanto en hogares como en espacios profesionales. Hoy se integra en la decoración y se reinventa gracias al diseño, la tecnología y los nuevos usos, hasta convertirse en un elemento inteligente y visible.

 

Contenido:

·               Un equipo que ha madurado

·               De la bodega al salón

·               Conservar, servir, administrar

·               Revolución conectada

·               El servicio del vino reinventado

·               Un placer… y un mercado mundial

 

Un equipo que ha madurado

¿Qué une la bodega de ayer con la vinoteca de hoy? Una toma de corriente… y un cierto “saber hacer” francés. En 1976, EuroCave inventó el primer armario refrigerado capaz de recrear las condiciones de una bodega: temperatura estable, humedad controlada, oscuridad, ausencia de vibraciones… Un punto de inflexión que recuerda Camille Syren, directora de marcas del grupo. «La evolución del mercado sigue la de la relación con el vino. Impulsados por un consumo que privilegia la calidad sobre la cantidad, los aficionados quieren conservar y servir sus botellas en buenas condiciones». Así, la vinoteca se emancipa del mundillo de los profesionales y los apasionados. Dos de cada tres franceses disponen hoy en día de un espacio dedicado al vino y un tercio de los que no lo tienen desean disponer de uno. El respeto por el vino sigue siendo la principal motivación, muy por delante de la ausencia de una bodega natural: prueba de que la vinoteca ya no es una elección impuesta por la falta de alternativas.

 

De la bodega al salón

De ser un objeto utilitario, la vinoteca se convierte en un elemento decorativo, asociado a un estilo de vida. «El diseño, la iluminación, el silencio y los acabados cobran cada vez más importancia y la mayoría de las ventas corresponden ahora a modelos con puertas de cristal», señala Camille Syren. El auge de los modelos empotrables lo refleja: «representan el 30 % del mercado actual, frente al 7 % en 2015. La vinoteca se instala en el salón, a veces como un elemento de prestigio”, observa Alyette Lefèvre, jefa de producto de la empresa Frio. Esta evolución influye en el diseño de los aparatos: formatos de nicho, alturas rediseñadas, mayor integración estética… Ahora, las vinotecas «muestran tanto como conservan». En este contexto, los armarios de servicio, más accesibles, dominan ampliamente: el 75 % de las ventas en Francia y el 90 % en el extranjero.

Conservar, servir, administrar

Al mismo tiempo, los usos se diversifican. Las vinotecas ya no solo sirven para la crianza en botella, sino también para conservar los vinos durante algunas semanas y llevarlos a la temperatura adecuada para su degustación, lo que explica el auge de los modelos con temperaturas variadas», explica Camille Syren. Las capacidades varían entre 12 y más de 300 botellas, con un reto adicional: una mayor diversidad (Borgoña, Champagne, vinos internacionales, mágnum, medias botellas, etc.). «Las estanterías se han rediseñado para albergar todos estos formatos, garantizando al mismo tiempo la estabilidad y una conservación óptima», continúa. Otro reto es la eficiencia energética. “Las puertas de cristal, menos aislantes que las puertas macizas, requieren un trabajo exhaustivo en materia de electrónica, iluminación, compresores o cristalería para conciliar diseño y rendimiento».

Revolución conectada

La tecnología digital también está llevando a las vinotecas a una nueva era. La Ecellar de La Sommelière, lanzada en 2021, automatiza la gestión gracias a sus estanterías conectadas y a la aplicación Vinotag. «Se fotografía la etiqueta, se reconoce el vino, se localiza virtualmente, la vinoteca detecta su desplazamiento, actualiza el inventario e incluso señala las botellas que deben consumirse con prioridad», resume Alyette Lefèvre. Con 80.000 usuarios, la aplicación integrará ahora la inteligencia artificial: maridajes, estadísticas, fichas de bodegas… o incluso un «chat» al estilo de un sumiller virtual a domicilio. Algunos avances son más discretos, pero esenciales, como la reducción de las vibraciones o la disminución del consumo energético. Otros proceden del uso, como las estanterías multiformato. «Damos prioridad a los avances realmente útiles para la conservación. El reto es preservar la calidad y la durabilidad en un contexto de rápida obsolescencia de los objetos», insiste Camille Syren.

 

El servicio del vino reinventado

En hostelería, la vinoteca se convierte en una herramienta para mejorar la experiencia del cliente. “Ir a un restaurante es vivir un momento único. Los profesionales apuestan por equipamientos que ponen en valor el vino para mejorar la oferta e incrementar las ventas, destaca Camille Syren. El servicio por copas sigue esta lógica, con necesidades específicas: conservación de botellas abiertas mediante soportes adaptados o sistemas contra la oxidación. El auge del enoturismo empuja a los bodegueros a equiparse; la hostelería sustituye a veces el minibar por una vinoteca y surgen nuevos mercados, como las vinotecas sólo para vinos espumosos, muy apreciadas por algunos establecimientos y clubes privados. Las innovaciones para los profesionales responden sobre todo a las limitaciones del servicio:sensores que apaguen los ventiladores cuando se abren las puertas repetidamente, rejillas deslizantes para un acceso más rápido, presentación de las etiquetas para identificar las botellas de un vistazo o paneles reforzados que pueden soportar que se cierren las puertas con el pie. Aquí priman la ergonomía y la robustez”, subraya Alyette Lefèvre.

Un placer… y un mercado mundial

Francia, un mercado maduro, sigue siendo el país mejor equipado, con 250.000 ventas anuales por valor de 50 millones de euros. Sin embargo, el crecimiento se está desplazando hacia Estados Unidos, India y los Emiratos Árabes Unidos. “La presencia de numerosas marcas, a menudo fabricadas en China, amplía el espectro de precios. Nuestra diferenciación radica en nuestra experiencia, reconocida por el sello «Entreprise du Patrimoine Vivant» (Empresa del Patrimonio Vivo)”, destaca Camille Syren. “Frente a los generalistas, nuestra especialización nos confiere un carácter especial”, añade Alyette Lefèvre. Entre el diseño y la alta tecnología, de fabricación francesa o no, la vinoteca se impone en un mercado mundial de 3.200 millones de dólares, con una previsión de crecimiento del 5,1 % hasta 2034. Una compra hedonista que no ha dejado de conquistar a nuevas generaciones de aficionados.

 

Florence Jaroniak, © Frio

 

Saber más:

https://www.ipsos.com/fr-fr/comment-les-francais-conservent-ils-leur-vin

El Médoc completa su paleta con el blanco

Las primeras botellas de la AOC Médoc blanco saldrán al mercado el próximo mes de abril. Con esta auténtica rareza, los viticultores se enfrentan a un delicado arte: elaborar un vino blanco brillante en una tierra de tintos. Una revolución silenciosa nacida del pasado y orientada hacia nuevos horizontes.

Contenido:

  • Un gran reconocimiento
  • Con estilo propio
  • Una denominación exigente y responsable
  • Pioneros al mando
  • Una dinámica colectiva que se extiende a la “Rive droite”

Un gran reconocimiento

Tras décadas luciendo el tinto, la península de Médoc se viste ahora de tonos más claros. La denominación de origen controlada (AOC) Médoc Blanc, reconocida oficialmente el 5 de agosto de 2025, constituye en realidad la consagración de una gran tradición vitivinícola. «Los viticultores que producen vino blanco querían que se reconociera y protegiera. La denominación garantiza ahora una trazabilidad total y un control sistemático antes de la comercialización», explica Hélène Larrieu, directora de la ODG Médoc, Haut-Médoc y Listrac-Médoc. Producidos en el Médoc desde el siglo XVIII, los blancos alcanzaron los 16.000 hl en 1929 antes de verse eclipsados por los tintos. Durante mucho tiempo, los viticultores siguieron comercializándolos con la denominación municipal, hasta que el INAO, en la década de 1960, puso fin a esta tolerancia, obligándoles a recurrir a la AOC Bordeaux blanc. Su renacimiento se inscribe en un proceso de identidad, paralelo a la certificación del Parque Natural Regional del Médoc en 2019. «Los viticultores tomaron conciencia de que sus ocho denominaciones formaban un conjunto coherente, íntimamente vinculado a un terruño singular«, subraya Hélène Larrieu.

Con estilo propio

La idea surgió en 2017 y se nutrió de un inventario de prácticas vitícolas y enológicas, reflexiones sobre las nuevas variedades de uva, análisis del potencial comercial y catas a ciegas. «Las diferencias quedaron claras», señala Hélène Larrieu. “Sometidos a la doble influencia del océano Atlántico y del estuario de la Gironda, los Médoc blancos se distinguen por su tensión y mineralidad». Las variedades de uva de Burdeos – sauvignon blanc, sémillon, sauvignon gris y muscadelle – aportan «una expresión singular, marcada por notas exóticas y cítricas». Otro rasgo destacado es la crianza en madera. «Obligatoria para al menos el 30 % del lote, ya se lleva a cabo en el 90% de las bodegas. La vinificación en barrica, prolongada con una crianza frecuente sobre lías, aporta redondez, untuosidad y complejidad aromática sin exceso de madera.«

Una denominación exigente y responsable

Los rendimientos están limitados a 55 hl por ha, la crianza en las instalaciones del bodeguero debe prolongarse al menos hasta el 31 de marzo del año siguiente a la vendimia, el embotellado debe realizarse exclusivamente en vidrio y se lleva a cabo un control gustativo antes del envasado: la tónica está clara. El pliego de condiciones también incluye estrictas obligaciones medioambientales: la prohibición del deshierbe total y la obligación de contar con una certificación medioambiental. «No se trata de añadir restricciones, sino de reconocer y valorar lo que la mayoría de los viticultores ya hacían», insiste Hélène Larrieu. «Hemos integrado el compromiso sostenible en el patrimonio colectivo». Además, seis “varietés d’Intérêt à Fin d’Adaptation” (o Vifa, variedades de interés con fines de adaptación) pueden completar el viñedo (albarinho, liliorila, viognier, sauvignac, floréal y souvignier gris), lo que prefigura una apertura progresiva a la diversidad. De las 250 hectáreas de variedades blancas plantadas en el Médoc, 40 lo están con variedades distintas a las tradicionales. «Se trata de un auténtico campo de experimentación que permitirá observar el comportamiento de estas variedades en las condiciones del Médoc, frente al cambio climático«.

Pioneros al mando

En Saint-Germain-d’Esteuil, el Château Castera, Cru bourgeois supérieur, fue uno de los impulsores del proyecto. «Nuestra propiedad producía anteriormente vino blanco, 900 hl en 1922, es decir, la mitad del volumen», explica Laura Sorin, directora de comunicación. Replantada en 2016, una hectárea de sauvignon blanc en suelo arcilloso-calcáreo dio origen a la cuvée Anthoinette. Vendimia manual, prensado de racimos enteros, siete meses de crianza en barrica: a partir de ahora se comercializará como AOC Médoc blanc. «Como muchos productores, realizamos un trabajo de relojería: la producción, que a largo plazo debería ocupar dos hectáreas, requiere tanta atención como nuestras 60 hectáreas de tintos», subraya. Para los bodegueros y sumilleres, esta denominación ilustra «la capacidad del Médoc para renovarse sin renunciar a su exigencia de calidad», con blancos precisos y muy gastronómicos. También seduce a los particulares, adeptos a los vinos más frescos, pero con identidad propia. «El blanco permite redescubrir nuestros tintos a un público que a veces se ha quedado anclado en clichés antiguos, reconectándolo con la evolución del estilo», añade Laura Sorin.

Una dinámica colectiva que se extiende a la “Rive droite

Con 70 explotaciones que suman unas 170 hectáreas, la superficie total representa menos del 2 % de los viñedos del Médoc. El Médoc blanco envía una señal clara en un contexto vitícola complejo. «Esta denominación aporta a los equipos una nueva dinámica: un soplo de aire fresco, nacido del terruño y de la historia, por encima de cualquier estrategia de marketing. No se trata de una moda pasajera, sino del fruto de un trabajo colectivo arraigado en la tradición y orientado hacia el futuro, con herramientas modernas y un mayor rigor técnico», concluye Laura Sorin. Y el movimiento ya inspira a la “Rive gauche” (orilla izquierda): en Saint-Émilion, el 71 % de los viticultores consultados este verano por el Conseil des vins (Consejo de los Vinos) se muestran favorables a la creación de una denominación de blanco, el 82% favorables a una denominación Lussac-Saint-Émilion blanco y el 85 % a una denominación Puisseguin-Saint-Émilion blanco. El Médoc ha abierto el camino. Demuestra, como escribió el gran enólogo Émile Peynaud, que «en el fondo, nada es más moderno que la tradición del Médoc».

Florence Jaroniak

© CHATEAU_CASTERA_Web©ClaudeClin-1061008

Las viñas se arraigan de nuevo en las ciudades

Los viñedos están volviendo a aparecer en el corazón de las ciudades, desde el parisino Clos Montmartre hasta las plantaciones del Palacio de los Papas en Aviñón. Estas microparcelas, símbolo del patrimonio vivo, la cohesión social y la ecología, proporcionan visibilidad y razón de ser a la viticultura urbana.

Contenido:

  • Montmartre, todo un símbolo
  • Un laboratorio al aire libre
  • Aviñón, el viñedo patrimonial
  • Un movimiento que se organiza
  • Un renacimiento cultural y ecológico

Montmartre, todo un símbolo

Del 8 al 12 de octubre, entre catas y conciertos folclóricos, París celebró la fiesta de la vendimia del Clos Montmartre, un evento que reúne ya a 500.000 visitantes. «La primera edición, en 1934, tuvo un gran éxito popular gracias al prestigioso patrocinio de las vedetes de le época, Mistinguett y Fernandel. Se trataba más bien de una fiesta de la uva, ya que la vinificación no comenzó hasta 1953«, recuerda Éric Sureau, presidente del Comité de Fiestas y Acciones Sociales del distrito 18 parisino, responsable del Clos. «Esta viña es un símbolo de convivencia. Las 2.400 botellas que se producen cada año se venden en beneficio de nuestras obras sociales y perpetúan el espíritu contestatario y solidario de Montmartre«.

Un laboratorio al aire libre

Detrás de este paisaje de postal se encuentran 1.800 pies de viñas situados a 130 m de altitud que requieren una gestión meticulosa. «Orientadas al norte, rodeadas de edificios y plantadas en un suelo ligero y yesoso, crecen en condiciones desfavorables. De acuerdo con la política de la ciudad, el principal reto consiste en prohibir los tratamientos fitosanitarios, especialmente visibles y controvertidos en el medio urbano«, explica Sylviane Leplâtre, enóloga del Clos. Muy sensibles a las enfermedades, las cepas se han ido replantando progresivamente a lo largo de diez años con variedades resistentes: resultaba imposible arrancar de golpe un viñedo tan visitado. Calice, Divico, Muscat bleu, Cabernet Jura, Pinotin o Monarch han sido las variedades importadas de Suiza y otros lugares. «Su calidad gustativa supera a la de las variedades híbridas productoras de la época posterior a la filoxera, aunque se ha conservado una hilera en memoria del pasado. En los años soleados, la madurez alcanza los 12°, lo que da lugar a un tinto afrutado y un rosado muy codiciado«.

Aviñón, el viñedo patrimonial

El viñedo del Palacio de los Papas en Aviñón, otra faceta de la viticultura urbana es el único con denominación de origen controlada (AOC) situado dentro de una ciudad en Francia y el único ubicado en un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. «La parcela, plantada en 1997 para producir su primera añada en 2000, año en que Aviñón fue Capital Europea de la Cultura, cuenta con 544 cepas de doce variedades de Côtes‑du‑Rhône. Se trata de un viñedo «auténtico«, gestionado de forma sostenible con el objetivo de obtener la certificación HVE (Alto Valor Medioambiental)«, destaca David Bérard, presidente de los Compagnons des Côtes-du-Rhône, que se encargan de su mantenimiento junto con el instituto vitícola de Orange y los equipos de jardinería de la ciudad. «Están muy implicados, y por ejemplo, prueban diferentes tipos de acolchado, sabiendo que cultivar una viña en la ciudad equivale a trabajar una microparcela. Cada año, un viticultor miembro de los Compagnons vinifica esta producción confidencial, que luego se destina a asociaciones caritativas. «Ahora nos gustaría que ciudadanos de todo el mundo apadrinaran estas viñas urbanas», confiesa David Bérard. Sobre todo, porque desempeñan un papel estratégico: plantadas en otros lugares de Aviñón, afirman su identidad de capital de los Côtes-du-Rhône.

Un movimiento que se organiza

Detrás de estas iniciativas se perfila un movimiento más amplio. «El éxito de Montmartre inspiró a Luca Balbiano, propietario de un viñedo en Turín, a fundar la Urban Vineyards Association en 2019«, explica Éric Sureau, vicepresidente de la organización. «La UVA, que hoy en día reúne a unos cincuenta viñedos urbanos históricos en veinte países, trabaja en su restauración, su valorización cultural y su promoción turística«, mientras que en Francia la dinámica se intensifica. «Hemos puesto en marcha, junto con Montmartre y Lyon, la creación de una Société des Vignes Urbaines de France (Sociedad de Viñedos Urbanos de Francia), que federará a las ciudades francesas para compartir buenas prácticas y estimular nuevas plantaciones«, precisa David Bérard. El acto fundacional de esta asociación, que ya cuenta con veinticinco miembros, se oficializará el 19 de noviembre, durante el Congreso de Alcaldes de Francia en París, con el apoyo financiero de la constructora NGE, que ha creado una filial dedicada al paisajismo para integrar los viñedos en los proyectos propuestos a las entidades locales.

Un renacimiento cultural y ecológico

En realidad, las viñas urbanas son una evidencia. En la Edad Media, casi todas las ciudades tenían sus propios viñedos, con frecuencia cerca de las abadías, como sucede en Montmartre. Desaparecidas en el siglo XIX debido a la urbanización, hoy renacen con diversas funciones. «Para los municipios, son ante todo una tarjeta de visita y una herramienta pedagógica que nos habla de historia, biología, etc., así como un vector de cohesión social«, considera Sylviane Leplâtre. «Más allá de su aspecto cultural, los viñedos son testimonio de una producción agraria integrada en el centro de las ciudades, preservan variedades históricas, ofrecen una huerta y un nicho de biodiversidad y constituyen un instrumento de resiliencia ecológica, ya que actúan como sumideros de carbono y limitan la artificialización de los suelos«, añade David Bérard. Desde París hasta Aviñón, la viticultura no supone un nostálgico retorno al pasado. Al entrelazar pasado y futuro, tal vez esboza una nueva fisonomía de la ciudad del futuro.

Florence Jaroniak, ©: Compagnons des Côtes-du-Rhône.

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El renacimiento de un recipiente milenario

El ánfora vuelve con fuerza a las bodegas modernas tras permanecer eclipsada durante mucho tiempo por la barrica. Material natural, formas variadas, espíritu de mínima intervención: este recipiente antiguo seduce a los viticultores que buscan autenticidad y precisión

Contenido:

• Una historia con 6.000 años de antigüedad
• Un soplo de pureza
• Envases con perfiles variados
• Un nicho que gana terreno
• Cuando la tradición se une a la innovación

Una historia con 6.000 años de antigüedad

Con sus asas y su forma esbelta, el ánfora apareció en Oriente Próximo ya en el IV milenio a. C. Adoptada por los fenicios hacia el 1500 a. C., se convirtió en el recipiente preferido de los romanos para transportar sus vinos. Cada recipiente llevaba entonces su firma (forma, sello o estampado): ¡los signos de trazabilidad de la época! Pero el ánfora no era solo un medio de transporte. Su porosidad, controlada mediante recubrimientos de resina, así como un tapón de corcho coronado por un segundo tapón de arcilla o puzolana, garantizaban una conservación óptima del vino. En la actualidad, tras haber caído en desuso con la llegada de la barrica, está disfrutando de una segunda juventud.

Un soplo de pureza

«Las ánforas, o más bien las jarras y sus derivados, seducen especialmente a las bodegas ecológicas o biodinámicas, ya que responden a una filosofía global de vinificación y crianza: preservar la calidad de la fruta, utilizar un material natural y sostenible e intervenir lo menos posible, limitando o evitando el uso de insumos», explica Volga Voronovskaïa, responsable de comunicación de V&T Amphores, empresa especializada en la selección, el desarrollo y la distribución de estos recipientes en Gradignan (Gironda, Francia). Según Maxence Weck, la microoxigenación natural que aporta el ánfora confiere al vino «una verdadera rectitud y una gran pureza». Al frente de una finca familiar con raíces desde 1696 en Gueberschwihr, Maxence ha elegido un modelo de gres «menos poroso y más resistente que la terracota» para trabajar en la microvinificación de las uvas procedentes de parcelas y lugares determinados. «Utilizamos una versión de 500 litros para el Grand Cru Florimont y otra de 1.000 litros para el Grand Cru Hatschbourg. La idea es ofrecer otra lectura del terruño, elaborando vinos de maceración: el proceso de un tinto aplicado al blanco, lo que da como resultado un vino naranja».

Envases con perfiles variados

Cada material deja su huella. «La terracota, porosa, es adecuada para variedades de uva potentes y crianzas cortas; el gres, más neutro, realza los blancos y tintos finos y poco tánicos; la cerámica técnica, estable y manejable, puede incluso incorporar accesorios como un grifo de degustación», precisa Volga Voronovskaïa. En cuanto al granito, casi impermeable y rico en cuarzo, «realza los vinos de hielo o de guarda, preservando su acidez». Algunos viticultores utilizan incluso recipientes similares a las ánforas: tinajas españolas o kvevris georgianos, a menudo enterrados según la tradición, que ofrecen otras dinámicas de fermentación y crianza. Las formas y los volúmenes también son importantes: jarras abombadas, huevos de pie o tumbados, dolia más redondeadas y estrechas en la base… Según la silueta, los movimientos de convección difieren e influyen en la suspensión de las lías que son auténticas aliadas de la estabilidad y la untuosidad del vino.

Un nicho que gana terreno

Para adaptarse a los usos contemporáneos, el ánfora ahora incorpora accesorios prácticos, pero su coste, fragilidad y manipulación siguen siendo un reto. «Las limitaciones se deben principalmente al tamaño», precisa Maxence Weck. «El ánfora es ideal para pequeñas parcelas, pero demasiado compleja para gestionar todo un viñedo». La inversión, ciertamente elevada, se amortiza con el tiempo: acompaña al viticultor toda su vida, siempre que se proteja de los choques térmicos y se limpie con cuidado. La gestión del oxígeno también requiere una vigilancia especial. Así, el ánfora se impone poco a poco como una opción técnica asumida, vinculada a los vinos de alta gama, elaborados a menudo con técnicas de microvinificación o en combinación con barricas y acero inoxidable. «No es una moda efímera», insiste Volga Voronovskaïa: «los más convencidos la utilizan como herramienta principal, otros la prueban en algunos vinos». Las catas comparativas lo confirman: en una misma añada, las diferencias entre el ánfora, la barrica y el acero inoxidable son notables.

Cuando la tradición se une a la innovación

Los vinos elaborados en ánforas atraen sobre todo a nuevos consumidores, y muchos sorprenden a la clientela más tradicional. «Espontáneamente, asocian estas jarras con los romanos. Intrigados, se dejan seducir. Y, a menudo, la cata les sorprende positivamente: en ánfora, el gewurztraminer, que suele percibirse como un vino dulce, se transforma en seco, tenso, aromático y potente», explica Maxence Weck. Si bien el ánfora impone ciertas precauciones de uso, también abre nuevos horizontes creativos. «El mejor consejo», concluye Volga Voronovskaïa, «es experimentar. Al final siempre convence». En definitiva, el ánfora conecta el patrimonio ancestral con las exploraciones más contemporáneas y nos recuerda que, en materia de vino, el futuro siempre se nutre del pasado.

Florence Jaroniak.

©: V&T Amphores.

Más información:

https://archeologie-vin.inrap.fr/Archeologie-du-vin/Histoire-du-vin/Antiquite-Culture-et-societe

https://www.museecapdagde.com/le-musee/departement-navigation-antique/amphores

Un sello para los vinos portadores del “fuego sagrado”

Los vinos volcánicos por fin se dotan de un distintivo. Con “Volcanic Origin”, la región francesa de Auvernia se convierte en el epicentro de un reconocimiento mundial, entre rigor científico, terruños excepcionales ¡y una narrativa «explosiva»!

Contenido:

  • Un sector en erupción
  • Originado en Auvernia
  • Al principio fue la lava
  • Una explosión de los sentidos
  • Una interpretación geológica del vino
  • Un nuevo continente vitícola

Un sector en erupción

¿El vino sacaría su singularidad de las entrañas de la Tierra? Desde el Etna hasta los “Puys” de Auvernia, la vid prospera en suelos nacidos de erupciones volcánicas. Una identidad fuerte que hoy certifica el sello “Volcanic Origin”. Esta marca inédita, registrada en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), se presentó el 24 de junio en Clermont-Ferrand, durante el Foro Vinora, la gran cita de los productores mundiales de vinos volcánicos. «No se trata de una operación de marketing, sino de una verdadera garantía de origen, basada en un estricto pliego de condiciones para evitar cualquier oportunismo», insiste Pierre Desprat, director de la bodega Desprat-Saint-Verny y vicepresidente de Vinora, impulsor del proyecto. Para obtener esta certificación, los vinos deben contener al menos un 85 % de uvas procedentes de terruños volcánicos certificados, validados mediante cartografía geológica y análisis del suelo. Se prohíben los insumos artificiales y cada añada se somete a un doble control interno y externo.

Originado en Auvernia

La idea de Vinora surgió de una carencia: la falta de notoriedad frente a pesos pesados como los franceses Chablis o Meursault. «No basta con decir que nuestro vino es bueno o diferente: también hay que explicar por qué», insiste Pierre Desprat. ¿El detonante? Un comprador de la SAQ en Montreal, que al principio no mostraba mucho interés por los vinos de Auvernia, pero que cambió de opinión al conocer su origen volcánico. «Comprendí que teníamos un terruño excepcional que no sabíamos valorar». Fundada hace siete años por un colectivo de viticultores, distribuidores e investigadores, la asociación Vinora se asoció en 2019 con el Instituto Francés de la Viña y el Vino (IFV) para iniciar un programa de investigación con las universidades de Dijon y Montreal. Tres estudios más tarde, la conclusión es evidente: el suelo volcánico imprime su carácter al vino, además de reforzar la resistencia de las vides.

Al principio fue la lava

¿Cuáles son las características de estos terruños? «No existe un suelo volcánico, sino una formidable diversidad geológica», explica el geólogo Charles Frankel. Gabro, escorias, puzolana, piedra pómez… «Estas rocas nacidas de la lava, porosas y fracturadas, facilitan el enraizamiento y retienen el agua, como en Santorini, donde la vid crece sobre piedra pómez procedente de una erupción ocurrida en 1612 a. C. en un clima casi desértico.» Algunas se degradan en arcillas o en peperitas, una mezcla de basalto y caliza que aporta una riqueza mineral excepcional, especialmente en Auvernia. «Cultivar en un volcán activo es como jugar a la ruleta rusa», admite el experto. «Pero este riesgo puntual se ve ampliamente compensado por las ventajas del relieve volcánico. La altitud, la exposición, la pendiente, los microclimas… lo convierten en un laboratorio al aire libre, especialmente adecuado para adaptarse al cambio climático».

Una explosión de los sentidos

Sin embargo, «intentar reconocer un vino volcánico a ciegas sería pretencioso», reconoce John Szabo. Este Master Sommelier, referencia mundial en la materia, menciona más bien características comunes. «Salinidad, textura en boca y potencia» resume el sumiller, retomando el subtítulo de su libro. Charles Frankel matiza: «Cada volcán ha visto nacer sus propias variedades de uva, fruto de una larga colaboración entre el hombre y el suelo, como el Nerello Mascalese en el Etna». El mismo volcán genera diferentes estilos: según la altitud, la exposición o incluso la vinificación, los perfiles pueden variar. Por lo tanto, es difícil compararlos, «salvo excepciones como en Oregón, donde una misma variedad de pinot noir plantada a la misma altitud ofrece un perfil afrutado sobre basalto y otro más complejo sobre suelos calcáreos». Sin embargo, es evidente que los vinos volcánicos destacan en una mesa. «Y, sobre todo, cuentan una historia que a los sumilleres les encanta compartir y que a los aficionados les gusta conocer, lo que enriquece considerablemente la experiencia de la cata», puntualiza John Szabo.

Una interpretación geológica del vino

«El elemento volcánico ofrece una nueva perspectiva de cata, no horizontal ni vertical, sino transversal», observa Charles Frankel. Para John Szabo, “Volcanic Origin” introduce así «una forma inteligente de considerar el vino, atractiva para los consumidores nuevos o más jóvenes. De entre todas las referencias geológicas posibles, la volcánica es sin duda la más atractiva, porque fascina a un amplio público». Y el movimiento está cobrando impulso. «Llevo 15 años escribiendo sobre los vinos volcánicos. Su reconocimiento está creciendo exponencialmente. Ya no es un nicho, sino una categoría en sí misma». Y el mercado le da la razón: los Côtes-d’Auvergne (350 hectáreas) venden el 100 % de su producción cada año. La demanda supera la oferta y los precios han subido un 26 % en 7 años. Tanto en las vinotecas parisinas como en las cartas de los grandes restaurantes, la sección «vinos volcánicos» está ganando terreno.

Un nuevo continente vitícola

El entusiasmo también se refleja en los productores. Ya son cuarenta las bodegas que han presentado su candidatura a «Volcanic Origin». El objetivo es llegar a cien a finales de 2025. Mientras John Szabo lidera la dinámica norteamericana, Vinora marca el camino en Europa. Próxima etapa: una presentación de sus trabajos científicos a principios de 2026 en Nueva York, antes de una futura feria internacional en Canarias. «En un mundo vitivinícola a veces considerado complejo, los vinos volcánicos seducen por su evidencia. Afirman la primacía del terruño sobre la variedad de uva, mientras evocan un imaginario poderoso y accesible», insiste Pierre Desprat. Seis regiones francesas están involucradas (Alsacia, Ardecha, Auvernia, Beaujolais, Lenguadoc y Provenza) y el 2 % de los viñedos mundiales. Es una gota en el océano de la producción vitícola, pero son vinos «con mucha chispa» que están conquistando el planeta.

Florence Jaroniak © vins volcaniques/Maison Desprat Saint-Verny

Más información :

www.volcanicwinesinternational.com/szabo

www.dunod.com/vie-pratique/vins-feu-decouverte-terroirs-volcans-celebres

El corcho: un material reciclable y creativo

El tapón de corcho es un material noble y natural que no se limita a su uso en botellas. Gracias a iniciativas ciudadanas, industriales y artísticas, está disfrutando de una segunda vida inesperada. Nos centramos en un caso de reciclaje ejemplar… e inspirador.

 

Contenido:

  • El corcho, discreto campeón de la responsabilidad ecológica
  • Una industria solidaria y comprometida
  • Un reto logístico
  • Una fábrica en acción
  • El tapón se convierte en obra de arte
  • Un gesto sencillo, un impacto real

 

El corcho, discreto campeón de la responsabilidad ecológica

Pequeño en tamaño pero grande en su función, el corcho protege el vino. Compresible, hermético y poco permeable a los gases, permite que el vino respire al mismo tiempo que lo conserva. Y sus cualidades van mucho más allá: resistente a la humedad, al fuego, a los insectos y al desgaste, también es un excelente aislante térmico y acústico. Se cosecha sin talar árboles, por lo que es totalmente natural, biodegradable y reciclable. Su capacidad para encontrar nuevos usos ha dado lugar a una verdadera industria, impulsada desde 2010 por la Federación Francesa del Corcho. «Francia es hoy líder mundial en el reciclaje de tapones de corcho, con un 15 % del total reciclado, es decir, cerca de 400 toneladas al año», destaca Jean-Marie Aracil, su secretario general.

Una industria solidaria y comprometida

Hoy en día, más de 2.000 contenedores de recogida fijos cubren el territorio (en bodegas, viñedos, tiendas de alimentación o incluso en el museo del corcho y tapones de Mézin), a los que se suman puntos de recogida puntuales. La venta de los tapones de corcho recogidos a industriales financia acciones benéficas y medioambientales. ¿El resultado? Más de un millón de euros redistribuidos a las asociaciones recolectoras y más de 15.000 robles alcornoques plantados. Esta dinámica se basa tanto en consumidores más atentos a los materiales naturales y reutilizables como en empresas preocupadas por limitar su impacto ambiental. También se apoya en el éxito del tapón de corcho, que cierra siete de las diez botellas de vino más vendidas en Francia (Nielsen, 2022).

Un reto logístico

Transformado en gránulos, el corcho reciclado encuentra más de un centenar de usos comerciales, desde la aeronáutica hasta la moda, incluyendo unos treinta en la construcción. Pero nunca volverá a convertirse en tapón de botella: «cada fabricante de tapones aplica fórmulas específicas y análisis rigurosos para garantizar la aptitud para el contacto con alimentos. Este nivel de exigencia hace que el corcho reciclado sea incompatible con el cierre de botellas», precisa Jean-Marie Aracil. A pesar de los avances en la recogida, el modelo sigue siendo complicado. «Se necesitan unos 50.000 tapones, es decir, un palé, para garantizar un transporte ecológico y rentable. E incluso reciclando las 4.000 toneladas disponibles cada año, los volúmenes seguirían siendo demasiado bajos para garantizar la sostenibilidad de un sector a nivel nacional. Por lo tanto, el corcho se envía a Portugal, donde se recicla junto con otros suministros procedentes de Europa», añade Jean-Marie Aracil.

Una fábrica en acción

Existe una excepción en Francia: Agglolux-CBL, con sede en Soustons (Landas). «Desde 1929, nuestra empresa transforma el corcho en una gran variedad de productos», explica su director, Pierre Biénabe. «Parte de la materia prima procede de los residuos de los tapones, pero también de tapones reciclados comprados a asociaciones de toda Francia». Agglolux-CBL, única empresa industrial de corcho que recicla tapones en Francia, diseña paneles, rollos, materiales de aislamiento y objetos de decoración. La empresa también colabora con entidades solidarias, como COHAB*, con la que ha desarrollado nidos bioclimáticos aislados con corcho reciclado. «Nuestra fuerza reside en poder responder a las necesidades de los promotores de proyectos, especialmente en una perspectiva de RSE (responsabilidad social empresarial)», afirma Pierre Biénabe.

El tapón se convierte en obra de arte

La reutilización también inspira a los creadores. Para David Mishkin, artista estadounidense francófilo, los tapones de corcho prolongan el recuerdo del vino y son auténticos símbolos de vida. «En mi opinión, los tapones usados tienen mucho más valor que los nuevos.» Su arte, a medio camino entre la escultura, el mosaico y el trabajo en relieve, juega con las formas y los volúmenes. Así, ha creado una cruz monumental a partir de 3.000 corchos de Borgoña procedentes de botellas de la viña del Niño Jesús. Otra obra destacada utiliza corchos de Vouvray, extraídos de una bodega troglodita amurallada durante la guerra para escapar de los nazis. «Seleccioné 25.000 corchos, de los cuales solo 3.000 eran aún utilizables», explica. Como miembro de la Cofradía de los Caballeros del Tastevin desde hace 52 años, también conserva los corchos de sus catas: «El vino me ha permitido descubrir el corcho, me ha enseñado a reconocer su valor y a convertirlo en algo bello». Le gusta recordar que Dom Pérignon destacó la capacidad del corcho para retener la presión del champagne. «Tuve el honor de degustar una botella de más de 180 años, rescatada de un barco naufragado. Gracias a este material, el vino se había conservado en perfectas condiciones».

Un gesto sencillo, un impacto real

Ciudadanos, asociaciones, profesionales… todos se unen para dar una segunda vida al corcho. Y aunque el objetivo europeo de reciclar un 30 % para 2030 pueda parecer ambicioso, los actores franceses se muestran confiados: «Ya hemos superado el 15 % con los medios actuales», recuerda Jean-Marie Aracil. Así que, la próxima vez que abra una botella, no tire el corcho: deposítelo en un punto de recogida. Este pequeño gesto puede ¡hacer crecer un árbol, aislar una casa o inspirar una obra de arte!

Florence Jaroniak, © nataliazakharova/Adobestock

* La asociación COHAB desarrolla soluciones para integrar la biodiversidad en la ciudad.

https://planeteliege.com