Ni tinto ni blanco, el «blouge» se abre paso en las bodegas. Detrás de este término híbrido se esconde una técnica de cofermentación recuperada y reinterpretada, que responde tanto a los desafíos climáticos como a una nueva demanda de vinos más ligeros.
Sumario:
- El resurgir de una práctica milenaria
- Cofermentación: alquimia en depósito
- Una respuesta al cambio climático
- El reto de la maduración
- El terreno de juego de los Vins de France
- Un nuevo lenguaje de cata
- Una curiosidad gastronómica
El resurgir de una práctica milenaria
El nombre suena decididamente moderno, pero la técnica es ancestral. Al fermentar uvas blancas y tintas en el mismo depósito, el “blouge” recupera una práctica anterior al desarrollo de la ampelografía, cuando los viticultores cultivaban parcelas con variedades mezcladas, los llamados field blends, y vinificaban conjuntamente toda la cosecha.
Durante mucho tiempo, este método se empleó para suavizar ciertos vinos en regiones como Rioja o Toscana. Sin embargo, desapareció casi por completo de los viñedos europeos, con algunas excepciones notables como Côte-Rôtie. En esta denominación del norte del valle del Ródano, la Syrah puede seguir cofermentándose con una pequeña proporción de Viognier, práctica histórica recogida en la normativa de la DOC desde 1940 y limitada hoy al 20 % del ensamblaje.
Cofermentación: alquimia en depósito
Aunque el término “blouge” no es oficial ni está regulado, engloba diversas técnicas de vinificación, siendo la cofermentación de uvas blancas y tintas la más habitual. Si bien no es una práctica nueva, su regreso responde ahora a una voluntad clara de crear estilos de vino diferenciados.
A diferencia de los ensamblajes realizados tras la vinificación, la cofermentación permite la interacción desde el inicio de pieles, azúcares, ácidos y levaduras. Son vinos con perfiles únicos, difíciles de reproducir por otros métodos. La incorporación de variedades blancas puede intensificar los aromas florales y de fruta fresca, afinar los taninos y contribuir a estabilizar el color.
Una respuesta al cambio climático
Para muchos viticultores, el “blouge” constituye también una respuesta pragmática al cambio climático. Es el caso de Alexia Piaï, enóloga del Château Guilhem (Aude), que desde la añada 2024 produce un vino a partir de Merlot y Sauvignon Blanc.
«A menudo se menciona el uso de variedades blancas en vinos tintos para compensar la falta de acidez. En nuestro caso, esa no era la motivación principal. Nuestro objetivo era reducir el grado alcohólico», explica la productora. «En el Languedoc, algunos tintos alcanzan fácilmente los 14 % vol. Al incorporar una variedad blanca, logramos vinos de 11,5 % vol., lo que supone una ventaja evidente».
El reto de la maduración
En copa, el vino presenta un color carmín ligero, aromas de cereza y frambuesa, y un final fresco. Sin embargo, alcanzar ese equilibrio exige una gestión precisa de la vendimia.
«Hay que encontrar el compromiso adecuado entre dos variedades que no maduran al mismo ritmo», señala la enóloga. «La Sauvignon debe alcanzar suficiente madurez sin perder acidez, mientras que la Merlot no puede vendimiarse demasiado verde».
Superado este desafío, la vinificación sigue un protocolo bastante clásico: «una ligera maceración en prensa, un prensado rápido para obtener el color deseado y una fermentación similar a la de un vino blanco».
El terreno de juego de los “Vins de France”
Por su carácter innovador, el “blouge” se inscribe a menudo en la categoría Vin de France. En el salón Wine Paris 2026, Valérie Pajotin, directora de Anivin**, destacó el crecimiento de esta categoría, que ofrece a los productores «un espacio libre de restricciones normativas, donde experimentar estilos antes imposibles».
Desde Château Guilhem comparten esta visión: «Este marco nos permite elaborar vinos que no estarían autorizados en DOP o IGP sin desconcertar al consumidor, cada vez más enfocado en la experiencia de cata que en la etiqueta». El “blouge” empieza también a abrirse camino en los mercados de exportación, aunque los vinos de la denominación Malepère siguen siendo un referente importante de la bodega.
Un nuevo lenguaje de cata
En Burdeos, Marie Olivier, sumiller de la vinoteca restaurante Echo, observa de cerca esta categoría cambiante: «Un blouge puede ser muy interesante… o no. Pero algunos ofrecen perfiles realmente estimulantes».
Establece además un paralelismo con los vinos naranjas: «Como sucede con ellos, estos vinos híbridos juegan con el equilibrio entre la estructura del tinto y la frescura del blanco, abriendo nuevas posibilidades en los maridajes».
En carta, el término despierta curiosidad y suele requerir explicación. «Algunos clientes lo eligen deliberadamente, pero la mayoría se deja llevar por la curiosidad. El perfil de consumidor es muy diverso, desde grupos de amigas hasta parejas, pasando por personas de treinta y tantos años», observa.
Para Alexia Piaï, este componente de descubrimiento es clave: «Se trata de un estilo que atrae especialmente a consumidores poco habituados a los tintos y que permite acceder a nichos de mercado».
Una curiosidad gastronómica
Lejos de cualquier estandarización, el “blouge” sigue siendo un vino difícil de encasillar. «Que te guste uno no significa que te gusten todos. Un ensamblaje de Gamay y Chardonnay en Auvernia no tiene nada que ver con un Cabernet Sémillon bordelés», advierte Marie Olivier.
Muchos de estos vinos, a menudo dominados por variedades tintas, pueden recordar a rosados estructurados, incluso profundos, con gran versatilidad en la mesa. Pescados delicados o carnes blancas, como un vitello tonnato, constituyen maridajes especialmente acertados.
Lejos de ser una simple moda o una estrategia de marketing, el “blouge” refleja la capacidad del sector vitivinícola para reinventarse. A medio camino entre estructura y ligereza, dibuja el perfil de vinos de placer, inmediatos y accesibles. Una prueba más de que, en el vino como en la vida, los encuentros más inesperados suelen ser los más fructíferos.
Par Florence Jaroniak.
Foto: pxhere. © Nikola Spasenoski/AdobeStock
* El término “blouge” es un neologismo formado por la contracción de las palabras francesas blanc (blanco) y rouge (tinto), en clara alusión a la naturaleza intermedia de estos vinos.
** Interprofession des Vins de France.
Más información: https://www.cote-rotie.com
